Nadeska Noriega | Rosanna Batistelli | El Pitazo
Enero 8, 2017 4:19 Pm
| Foto: Archivo
Recoger los desechos de otro nunca ha sido un oficio elegante ni bien remunerado. José Pacheco asegura que hace quince años, cuando trabajaba para una empresa privada encargada de la recolección de basura en Vargas, con las utilidades que le pagaban podía comprar comida, ropa y algún regalo para diciembre. Todo para sus muchachos. Hoy trabaja en lo mismo, pero desde una cooperativa, que solo le otorga el beneficio de sueldo semanal de ocho mil bolívares. Ahora son sus hijos los que lo ayudan a sobrevivir.
“Los que hemos recogido basura por tiempo sabemos que uno siempre puede acomodar algo que la gente botó y cree que no sirve. Yo tengo amigos que se llevaban los colchones, yo mismo me llevé ventiladores dañados que al mandar a repararlos volvían a funcionar. Hay gente que bota carteras o zapatos y algunos les pueden dar más uso. La basura también habla de la calidad de vida de la gente, si hay restos de buena papa, cajas de productos. Pero aquí la cosa está jodida para un gentío, porque ya hasta la basura es pura mierda”, asegura el obrero, mientras dispone lo que recoge en la avenida La Atlántida de Catia La Mar en un camión que lo transportará al relleno sanitario de Santa Eduvigis.
Pacheco dice que comer se ha hecho cuesta arriba. Regularmente puede tener platos de yuca con sardina, bofe y patas de pollo. En el mercado de Maiquetía compra los pellejos de pollo baratos y hace “chicharrón de pollo”. Los carapachos de pollo o el hueso de ganado son buenos para una sopa que prepara con las verduras que desechan los gochos que se paran en un camión a venderlas en la misma avenida donde trabaja.
“Ellos (los gochos) nos las guardan. Tienen (las verduras) lados golpeados o están por dañarse y la gente no se las lleva. Antes de juntarlas con la otra basura nos la dan a nosotros y las repartimos. Uno recoge la basura, a veces espantas ratones y hay muchas moscas. Yo nunca comería eso, pero a veces tengo miedo de que un día tenga tanta hambre que me dé por comerlo. No me gusta pensar esa vaina”.
Pacheco ha conseguido también otra vía para garantizar la comida. Recoge con más esmero la basura de las panaderías y de negocios de ventas de comida de la zona. En recompensa puede haber un pan salado o dulce o un plato con comida. Debe buscar la manera de vencer el hambre y el miedo latente de que esos desechos que manipula puedan ser su almuerzo o cena.
Lo mismo le ocurre a Toribio Castro, quien presta sus servicios desde hace 18 años en la Dirección de Servicios Públicos de la alcaldía del municipio Tomás Lander en el estado Miranda, como parte de la cuadrilla de aseo urbano que se dedica a recoger la basura en los diferentes sectores de Ocumare del Tuy.
La situación económica del país también ha afectado su estómago, pues el sueldo mínimo que recibe no le alcanza para comer. “Todo está muy caro y el dinero se acaba en pocos días. Hay semanas que como más o menos, pero hay días en los que no tengo ni para desayunar”.
Arroz y sardinas son los alimentos que mayormente consume Castro. La mejor semana es cuando venden la bolsa a través del Clap. “Cuando me venden la bolsa de alimentación me como mi arepita con mantequilla, pero eso no es siempre, porque estos productos llegan una vez más al mes y duran una semana”.
Cuando la harina de maíz y la mantequilla se acaban, Castro se queda sin cena. No tiene para comprar pan a diario. Se acuesta con el estómago vacío por lo menos cuatro veces por semana y con la preocupación latente de que al día siguiente la historia de pasar hambre y no tener con qué saciarla se repetirá en el desayuno y el almuerzo.
“De vez en cuando, al comenzar mi rutina diaria alguna persona me regala un cafecito o una empanada. Antes era más a menudo, pero ahora la crisis nos está afectando a todos por igual. Yo he rebajado dos tallas en cuatro meses; ahora la ropa me queda grande”.
Otra cosa que quedó en el pasado son los aguinaldos que les entregaban a los obreros del aseo urbano. “Esos aguinaldos que cada diciembre nos daban los vecinos también quedaron en el pasado. Siempre me daban un dinerito o una botellita, al igual que a mis compañeros, pero eso se acabó. Y yo lo entiendo, porque la gente solo está gastando la plata en comida y ni siquiera están comiendo bien. La mayoría estamos pasando hambre”.
Para Castro, la basura que recoge tampoco es opción. Es preferible pasar un poco de hambre que comer de la basura que sabe que debe recoger.


No hay comentarios:
Publicar un comentario