Tiempos de incertidumbre electoral y económica los que signan esta semana a Venezuela. No tanto por lo inmediato dado que sea quien sea gane la realidad no va a cambiar demasiado, no solo porque el gobierno seguirá siendo el mismo al menos durante un tiempo, sino porque es poco lo que se puede cambiar de un mecanismo con una sola palanca, ya bastante dañada: el petróleo
JUAN USLAR GATHMANN
Lo que sí puede cambiar son por supuesto las expectativas con respecto del futuro, vale decir las eventuales inversiones extranjeras; el valor de la moneda en los mercados innombrables y por supuesto lo más importante de todo que es la disposición de los propios venezolanos a invertir en nuevas empresas y ampliación de las existentes. El panorama internacional, por el contrario, sigue bastante sombrío.
Así pues, el presidente electo se va a enfrentar con cuentas nacionales bastante deficientes más allá de que técnicamente el gobierno pueda hacer frente a los pagos de su deuda que es lo que los analistas internacionales se limitan a ver cuando estudian un país.
Buena parte del crecimiento que ha tenido la economía venezolana ha sido financiada con el gasto público el cual, a su vez, se ha financiado mediante deuda; porque los flujos naturales de ingresos, o no existen o vendrán bastante mermados en el futuro por las ventas de petróleo a futuro que se han hecho en el pasado reciente, y por la falta de mercado para más petróleo.
En otras palabras, que para mantener ese crecimiento, habrá que seguir financiando las importaciones pero, una vez pasadas las elecciones, habrá que devaluar y enderezar algunas variables que tienen que ver con nuestra moneda.
En un caso, el de la reelección, es probable que la devaluación opere relativamente rápido pues no hay nuevos flujos futuros de divisas que esperar, y si se pospone mucho habrá que vender más oro para financiar el gasto.
En el otro caso, a pesar de que las cuentas que va a encontrar serán las mismas, se abre la disyuntiva de si hacerlo con la fuerza que amerita la enorme brecha que hay entre lo que nuestra moneda puede comprar (a 4,30) fuera de Venezuela y lo que compra localmente. Porque esto resulta necesario para permitir que haya posibilidad de producir algo en Venezuela, en lugar de importarlo todo.
En caso de reelección, para tener más bolívares con los cuales financiar el gasto público y el pago de la deuda interna, con lo cual se licúa. Tiempos duros.


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