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domingo, 5 de febrero de 2017

Piratería marítima hunde a pescadores

Tal Cual
04-02-2017
NAYROBIS RODRÍGUEZ Cumaná


El temor al hampa ocasionó que los pescadores eviten trabajar en horario nocturno. Por cada noche sin pescar, los trabajadores dejan de recibir mínimo 15.000 bolívares

El viernes 20 de enero de 2017 en la noche, bandas delictivas que actúan como piratas del mar en las costas del estado Sucre, lograron un botín de 17 motores fuera de borda en el municipio peninsular de Cruz Salmerón Acosta. Nueve fueron robados a un grupo de pescadores que iniciaban faena a las ocho de la noche en las aguas del poblado de Taguapire y, minutos después, sumaron ocho más que los delincuentes tomaron con el uso de armas y violencia en las aguas del poblado de Salazar, en la parroquia Manicuare.

"Dos noches antes se robaron en Salazar un tren de pesca, lo que usamos para capturar en el fondo del mar y llamamos petota", comentó Ricardo Mudarra, un pescador de 37 años, con dos décadas de experiencia en las faenas marinas.

Unas cuatro bandas delictivas, que se esconden en el poblado de Punta Araya, al este de la península, azotan a los pescadores, gremio que en enero de 2017 cuenta con 300 hombres en el municipio peninsular, según cifras de la Asociación de Pescadores de Cruz Salmerón Acosta, cuyo resultado refleja una disminución de 20% con respecto al último trimestre de 2016, aseguró Heriberto Rodríguez, presidente del gremio. "El miedo hizo que se dedicaran a otras cosas, entre ellos a la siembra de cebolla o yuca, que se da por estos lados", comentó.

La violencia, los robos y homicidios, que suceden de manera constante (uno o dos asaltos por semana) y que no solo incluyen motores fuera de borda, sino embarcaciones y artes de pesca, además de los altos costos para la reposición de estos insumos, mermaron no solo la cantidad de pescadores en faena, sino que redujeron en 60% la productividad en la captura de especies marinas del estado Sucre, la entidad que hasta hace cinco años ocupaba el primer lugar en distribución de pescados en el país.

A las cinco de la mañana del viernes 20 de enero, el pescador Pedro Celestino echó el palangre al mar. A las once de la mañana solo había capturado una raya de cuatro kilogramos, especie de la que se obtiene el cazón. Celestino optó por pescar en la orilla, sin usar la embarcación, y solo en horas de la mañana, porque los piratas del mar abundan desde las ocho de la noche hasta las dos o tres de la madrugada, horas de mayor productividad de los pescadores.

Evitar embarcarse de noche ocasionó que, en lo que va de año, los marinos de los poblados de Salazar, Merito, Taguapire y Tacarigua solo lograran obtener 300 cajas, cada una, con 10 kilogramos de especies, en comparación con enero de 2016, época en la que lograron obtener 50 mil cajas, con diversas especies entre las que contaron sardinas, rayas, catacos, cachorretas, corocoros y jureles. La pesca durante 2016 también sumó 200 toneladas de sardinas.

Heriberto Rodríguez señaló que la incertidumbre sobre cómo continuarán la faena el resto del 2017 es lo que priva. "No sabemos si lograremos repuntar y capturar cantidades superiores en los próximos meses", dijo.

Pedro Celestino sólo obtuvo Bs. 4.000 por la venta de la raya que pescó en un día y no las cinco cajas o 15 kilos de pescado que obtenía faenando por la noche y con lo que lograba ganar unos 15.000 bolívares.

"Prefiero eso a que me roben o morir en altamar", argumentó. Las pérdidas económicas asociadas al temor de ser asaltados y asesinados, se reflejan no solo en el miedo a morir sino en el bolsillo.

Dos años atrás, la labor de un pescador se centraba en la campaña de altamar, es decir, una faena que iniciaba un grupo de hasta diez pescadores, que se prolongaba hasta por quince días entre las aguas de la península en Sucre y la isla de Cubagua, en Nueva Esparta, y en la que cada marino podía capturar hasta 12 cajas de especies por noche.

Cada campaña podía generar hasta 55 toneladas de pescado por grupo de marinos en el mar y tres millones de bolívares por cada pescador.

Después de los gastos asociados al mantenimiento de botes y compra de insumos, el marino obtenía ganancias netas de hasta un millón de bolívares.

"Con eso podíamos vivir tranquilamente por meses y hacer, si queríamos, solo dos campañas por año", explicó Ricardo Mudarra.

Ahora tienen que conformarse con hacer faena entre las cinco y las once de la mañana, con lo que solo logran una o dos cajas con diez kilos de especies por día. El precio de una caja de sardinas, por ejemplo, cuesta 8.000 bolívares en el Mercado de Boca del Río en Cumaná, sitio principal de comercialización entre mayoristas en la zona este de la entidad.

UN PROBLEMA NACIONAL
La piratería en el mar se extiende por toda la costa venezolana. Aunque no se conocen cifras nacionales de delitos que afectan a los pescadores, en Vargas 60% de las lanchas están paradas por el robo de motores, que no solo ocurre en altamar sino en la bahía, por consecuencia de la escasa vigilancia policial, lo que ocasionó un total de 108 robos en 2016. En la entidad hay 20 consejos de marinos, con un promedio de 1.370 hombres y mujeres, inscritos.

La merma en la captura de especies marinas asociadas al robo de motores, tuvo como consecuencia que, por ejemplo, en la comunidad de Playa Verde, situada en Catia La Mar, de 157 lanchas registradas solo están activas 53 en la actualidad, según Prisco Ávila, vocero del Consejo de Pescadores de Vargas e integrante del Frente de Pescadores Socialistas de La Zorra, en Catia La Mar.

En el estado Zulia existen entre 13 y 15 asociaciones de pescadores que reportan bajas considerables en la captura de pescado.

Ana Rincón, vocera de una de estas asociaciones, señaló que entre junio y julio de 2016, sus afiliados lograban obtener entre 300 y 400 kilogramos de pescado cada dos días, sobre todo en especies como bocachico, corvina y bagre.

En lo que va de año, la pesca no alcanza las 100 unidades a la semana.

Rincón destacó que los principales problemas son la inseguridad y los derrames petroleros.

REPONER UNA PIEZA HURTADA ES IMPOSIBLE
En Sucre los piratas son una marea negra que arruina a los pescadores. La noche del 20 de enero, con el robo de 17 motores en Cruz Salmerón Acosta, nueve en Taguapire y ocho más en Salazar, los delincuentes lograron cargar con unos 85.000.000 de bolívares, ya que cada motor fuera de borda, nuevo, tiene un costo promedio de 5.000.000 de bolívares. Usado, puede costar hasta tres millones de bolívares. Una reparación tiene un precio de un millón y medio de bolívares.

En octubre de 2016, a Víctor Mudarra lo dejaron a la deriva en altamar, amarrado, golpeado y arruinado.

Él pertenece al grupo de los que ya no trabajan y se dedican a otros oficios con ingresos exiguos, que alcanzan solo para comer a medias. "Apenas tengo para la comida; no puedo comprar un nuevo motor, ni nuevo ni usado", aseguró, sentado en su vivienda, frente al mar.

Pero no es solo el costo de un motor. La pesca incluye otros insumos indispensables, que van desde la adquisición o fabricación de una embarcación a un costo mínimo de tres millones de bolívares o la compra de artes o trenes de pesca a un precio de Bs. 25.000. "Hay gastos menores, como un litro de aceite para motor en Bs. 2.500 o la compra de un pipote con sesenta litros de gasolina, que nos cuesta 600 bolívares y casi no podemos adquirirlo por las restricciones que nos pone la Guardia Nacional (GN)", detalló el presidente de la Asociación de Pescadores de Cruz Salmerón Acosta, Heriberto Rodríguez.

La imposibilidad de conseguir nuevos insumos tras sufrir robos, se refleja no solo en la recesión laboral, sino en historias de hambre para los pescadores en la península sucrense, quienes solo tienen garantizada, en su mesa, la proteína de los productos del mar que pueden pescar, pero que se ven imposibilitados de obtener alimentos como arroz, pasta, leche, granos, y de comprar con dificultad frutas y verduras.

En esos pueblos pesqueros, un kilogramo de espagueti puede costar 9.000 bolívares, lo que representa 22,5% del salario mínimo actual que es de Bs. 40.638, sin contar que un kilogramo de arroz importado tiene un precio de 6.000 bolívares.

CON COLABORACIÓN DE SHEYLA URDANETA | NADESKA NORIEGA ÁVILA

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