Tal Cual
16-09-2016
Clavel Rangel - El Pitazo
El efectivo no escasea, tampoco la comida, y hay trabajo por más de tres salarios mínimos a la semana. Un sindicato controla el negocio y la seguridad en la zona ofrecida a una transnacional que le ganó una demada al país
Lo que más le ha costado a Antonio es andar descalzo las 24 horas del día. De lunes a viernes, el uniforme de este hombre es lodo y dos pantalones cortos que ni se esfuerza en cambiar porque, con el agua y el barro, ningún pantalón resiste.
Hace tres meses laboraba en una marquetería en el estado Guárico. Es el trabajo que le apasiona. Con aluminio y vidrio hacía figuras, un oficio que atesoraba de familia y que la inflación de hasta 300 por ciento en Venezuela lo ha obligado a abandonar.
Es parte del drama de los 4 millones de venezolanos que, según cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE), se han sumado a la pobreza desde el inicio del gobierno de Nicolás Maduro.
Ahora es un minero más del municipio Sifontes, en el estado Bolívar, a mil kilómetros en carretera desde su pueblo natal. Uno de los 35 mil a 45 mil (según el reporte de la comisión de la Asamblea Nacional) que han llegado en los últimos tres años a sustituir por pico, pala, máquinas y mangueras la actividad tecnificada que se planteó para el proyecto Las Cristinas, el quinto yacimiento aurífero más importante de Sudamérica.
No hay aires acondicionados, ni camas, tampoco baños ni agua potable, pero sobra el oro, la comida y el dinero, la forma venezolana de "La Pampa" en Perú.
Es ahora el hogar de amas de casa, técnicos e ingenieros que han abandonado sus oficios en la ciudad, para adoptar un nuevo estilo de vida que pasa por dormir en hamacas y cuidarse del paludismo, la enfermedad con más prevalencia y más letal al sur de Bolívar; 80% del total de casos ocurren en este municipio y, según el Observatorio Venezolano de Salud, 18.805 casos han sido exportados este año desde el estado Bolívar.
El esfuerzo, piensa Antonio y otros cinco de sus compañeros, vale la pena. En una semana pueden ganar el triple del salario mínimo nacional en el país. Hoy es jueves y descansan de la jornada en la mina Cuatro Muertos (una de las más ricas) porque el responsable de la cooperativa, jefe de este grupo de mineros, salió al pueblo a buscar gasoil. Así que están relajados.
Pasando el portón de Las Cristinas, se halla un paredón alto con el logotipo de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), unos cinco territorios son controlados por una organización que los pobladores llaman "sindicato".
Hombres armados, en moto, que garantizan el orden: que no haya robos, que nadie se sobrepase con una mujer y que no venga otro grupo a tratar de imponerse. ¿A cambio de qué? Un porcentaje de la ganancia al hacer el "resumen" (compilación de todo el oro procesado en la semana) y, en ocasiones, el control sobre los territorios más ricos.
A quienes este grupo de mineros llaman el jefe, antes era como ellos y, como otros tantos en Las Claritas, con un par de meses puedes ascender de palero (picador de rocas), a contratar tu propio personal para trabajar un área. El ascenso tiene sus contras: dar la cara por todos ante el sindicato di algo sale mal.
A diferencia de otras zonas mineras, en Las Cristinas, este "sindicato" en Las Claritas se ha ganado el "respeto". "Al principio es difícil, ellos son la ley, al final uno se acostumbra y termina siendo mejor que otros lugares en disputa", reflexiona un minero que dice llamarse Alonso.
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