En la familia, ahora lucen odiosas, no son pueblos sino manadas amorfas y mercenarias, y en espera como mendigos de que este régimen las realice como personas y no procurándoselo por sí mismas con dignidad
CARLOS J. SOUCRE
En la familia, ahora lucen odiosas, no son pueblos sino manadas amorfas y mercenarias, y en espera como mendigos de que este régimen las realice como personas y no procurándoselo por sí mismas con dignidad.
2.- Populismo no sólo abarca a esta asqueante demagogia, sino que es también estimar y celebrar las formas y los gustos más rastreros de las gentes. Con esto como con aquello, se procuran sufragios, y ya se sabe que también los obtienen exhibiendo una enfermedad.
3.- Cuando Caldera decretó el sobreseimiento de la causa a los golpistas del 4-F, otorgándoles así la libertad, dijimos: Caldera, creyente, hoy le vende su alma al diablo. Algo similar a esto dije cuando Betancourt firmó aquel Concordato con la Santa Sede: Betancourt, ateo, hoy le vende su alma a Dios.
4.- Se habla con ligereza contra la revolución porque se la ha visto fracasar. La revolución tiene su justificación en sí misma, independientemente de las posibilidades de que disponga para cambiar o modificar lo que se hubiese propuesto.
No confundir, pues, esto de por aquí no es revolución, sino fascismo y del más perverso porque sabe disfrazarse con la Ley. Leed esta frase de Gallegos muy vigente, que él pone en boca de un gamonal en su novela El forastero: "¿Qué necesidad hay de cometer arbitrariedades así tan a las claras? Si con la Ley en la mano se puede hacer lo mismo". 5.- Los pueblos adolecen de mucha inconstancia; exaltan como repudian con la misma ligereza mental y emotiva a sus dirigentes.
Así sufrió esto en su tiempo el más grande orador político que ha existido: Gabriel Honorato Riqueti, Conde de Mirabeau, cuando le dijo a sus detractores, los Jacobinos: "Ya sabemos que no hay sino un paso del Capitolio a la Roca Tarpeya".
También predijo el terror del 93, diciéndole a Robespierre y a los Girondinos que se guillotinarían entre sí, lo cual ocurrió. Él murió en 1791. ¿Que se vendió al trono? Esto lo niegan nada menos que Stendhal y Jules Michelet en su obra Historia de la Revolución francesa.
6.- Cervantes al final de su novela nos destruye el encanto: Le devuelve la razón a Don Quijote. Ante esto dijo Soren Kierkegaard: "Cervantes no era lo bastante dialéctico para dar a su obra una conclusión romántica". 7.- Para mí, quien todo lo objetiva, quien enteramente allí se instala, es por supuesto-, un ser que se despersonaliza, vale decir, un ser inexistente.
8.- El poder, un hambre (patológica) de poder. ¿Y quién no sabe que el poder es cosa de seres especialmente acondicionados para la perversidad, para las más bajas depredaciones humanas? 9.- Ante una reciente entrevista hecha a mi respetado padre Ugalde recordé esta frase que dije en una de mis notas: Los Jesuitas no son políticos. La Política es Jesuita.


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