Esta vez no elegimos solamente entre un candidato y otro, estamos por elegir entre dos estilos de vida. El votante debería revisar los programas de gobierno, y las actuaciones públicas de los candidatos
MIGUEL ÁNGEL LATOUCHE
Entre una perspectiva que plantea la construcción de una sociedad paternal y otra que plantea la posibilidad (al menos eso, la posibilidad) de la construcción de espacios para el ejercicio de la ciudadanía.
A mí no me interesa hacer diagnósticos, no soy adivino y no hago encuestas. Me pasa que, en lo que respecta a los asuntos electorales, no creo en los actos de fe. A fin de cuentas nuestro elector es voluble, muy dado a decidir en el último momento, a esconder sus intenciones, a jugar al mejor postor.
La sociedad es lo que es y no lo que uno quisiera que fuese. A uno le gustaría que nuestro votante medio revisara los programas de gobierno, que reflexionara sobre las actuaciones públicas de los candidatos, que recogiera y procesara la información disponible, que pudiera diferenciar entre las promesas realizadas y las materializadas. Lamentablemente las cosas no van por allí. Nuestro elector medio vota bajo la fundamentación de un acto irracional de enamoramiento, nuestro elector se deja seducir, quiere que jueguen con sus ilusiones y sus esperanzas.
A mí siempre me ha gustado pensar (soy un tipo optimista) que este largo gobierno que hemos sufrido es la representación de una profunda crisis adolescente. De una crisis que sufrimos en tanto que sociedad no emancipada. Los adolescentes adolecen, no están en capacidad para hacerse cargo de sí mismos, no saben lo que es mejor para ellos, se mueven en ese tránsito difícil entre la adultez y la tierna niñez.
Por ello no están en capacidad para realizar contratos, para comprometerse, por ello requieren tutoría, por eso se confunden y se equivocan. Yo creo que nosotros hemos vivido un largo periodo de errores y confusiones que ha sido capitalizado por nuestro primer caudillo del siglo XXI. Para muchos de nuestros conciudadanos Chávez no es un Presidente, es un Taita. Lógicamente esa es una perversión desde una perspectiva cívica.
Pero claro, hacerse cargo de uno mismo es complejo, requiere un sentido de responsabilidad, significa que uno alcance la mayoría de edad, que pueda comprometerse con el otro, que dé la cara. No es fácil, requiere firmeza de carácter, requiere consistencia y valentía.
Más sencillo es dejar las cosas en manos de los demás y de allí el problema del clientelismo. De lo cual esta sociedad ha bebido a todo lo largo de su historia. Así, hay quien prefiere que el gobierno le dé la casita antes que echarle bolas para adquirirla por esfuerzo propio, o que el gobierno se encargue de la crianza de los hijos, o que... largo etc. Vamos que somos serios. Nadie está diciendo que el Gobierno no tenga responsabilidades en la atención de la educación y la salud, claro que las tiene y de manera fundamental.
Decimos que esa responsabilidad es compartida, que los ciudadanos tenemos opinión, que tenemos responsabilidades que asumir, sobre todo cuando la transacción lleva implícita una restricción a la libertad.
Pero, estemos claros, no todos quieren ser libres. Hay gente que cree que la libertad está representada en el acto político de masas y no en la participación en la toma de decisiones. De todo hay en la viña del señor.
Entonces creo que lo que nos jugamos el 7 de octubre es la definición de un modelo de sociedad. Ya veremos quiénes somos los venezolanos. Una masa inorgánica de gente que se deja manipular por un discurso político liberador o unos tipos que piensan que pueden asumir las riendas de su propia vida sin que el Estado se encuentre omnipresente en cada uno de los ámbitos de nuestro funcionamiento.
A mí en particular me parece terrible cómo el fenómeno Chávez se ha metido hasta en la intimidad de las personas, esa es una ruta peligrosa para una sociedad, en la medida en que implica el culto a la personalidad.
Yo apuesto por la lógica ciudadana. A estas alturas de la vida no me gusta que me digan qué hacer, ni que me impongan sistemas de preferencias que me son ajenos. Yo apuesto por la libertad republicana, por la libertad de los modernos, no por la de los antiguos.


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