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sábado, 11 de agosto de 2012

¿Más de lo mismo?

ELÍAS TORO - Tal Cual

No soy economista, pero creo entender que la deuda pública que dejará Chávez, cercana a los doscientos mil millones de dólares, podría comprometer gravemente el desempeño de Henrique Capriles como Presidente; tanto más cuanto este inicia su gestión en un muy desventajoso contexto, caracterizado porque todos los poderes de la República seguirán por no sabemos cuánto tiempo en manos de un chavismo que tratará por todos los medios de hacerle las cosas más difíciles.

Preocupado por el asunto, decidí hacer una consulta con algunos economistas y el resultado fue una generalizada opinión favorable a lo que ya ha anunciado el propio candidato en su campaña, es decir, que aumentará la producción petrolera (¿seis millones de barriles?) para obtener los recursos con los que atender además de los compromisos asociados a la realización de su programa, la cancelación de esa desorbitante deuda.

Entre otras personas, hice contacto con el distinguido economista Ángel García Banchs, directivo, según entiendo, de la empresa Econométrica, mediante el tweet que transcribo textualmente a continuación: "@garciabanchs ¿Cómo cree usted que hará el gobierno de Capriles para pagar la deuda de $ 200 millardos que deja el chavismo?". Y la respuesta que obtuve fue, también textualmente: "@toroelias Abriendo la industria petrolera, para expandir la producción, por un lado, y recibir ingresos por concesiones, por el otro." Cavilando sobre tan tajante afirmación me vino una vez más al espíritu el recuerdo de que en 1936 Úslar Pietri propuso a los venezolanos "sembrar el petróleo", y el resultado, 76 años más tarde, dos generaciones y media de venezolanos mediante, es un cuadro político-económico más difícil aún que aquel en el que nuestro intelectual hizo su visionaria propuesta.

¿No nos indica acaso esta experiencia que el mismo petróleo crea las condiciones para impedir ser "sembrado"?; ¿no se trata de que mientras más dinero proveniente de la renta petrolera entra a las arcas de la Nación, más dependientes nos hacemos del petróleo? ¿No es ello el corolario de una regla que pareciera regir las relaciones económicas no sólo de un país como Venezuela, sino de todos los petroestados del planeta? ¿Por qué creer que ahora sí, que esta vez, vendiendo más petróleo, sí vamos a salir del atolladero en que el mismo petróleo nos ha metido? A estas cuestiones suele responderse que la causa no está en el petróleo mismo, sino en la pésima gestión que se ha hecho de su "riqueza".

Respuesta que tiene el inconveniente de ignorar que esa pésima gestión no es fortuita sino consecuencia del perverso efecto corruptor que sobre la tesitura ética y cultural de una sociedad intrínsecamente pobre como la nuestra, ejerce la colosal cantidad de poder financiero que la renta del subsuelo pone en el Estado. Y que a toda lógica ejercerá también sobre quienes de cualquier bando político tomen en lo sucesivo las riendas del gobierno. (Estado rico/sociedad pobre, como ha esquematizado con acierto el asunto Asdrúbal Baptista) Por otra parte, ¿en cuántos barriles habrá que aumentar la producción diaria para obtener los recursos que habrán de aplicarse al pago de la deuda? ¿Cuánto dinero habrá de ser invertido previamente en la industria petrolera para conseguir tal incremento? ¿De dónde saldrán los recursos para hacer tales inversiones si sólo el monto de las divisas que gasta el país nada más para importar los alimentos que ya no produce, ha alcanzado cada año, durante los últimos tres o cuatro, la enorme cantidad de quizá cinco o seis mil millones de dólares? Piénsese que el perverso subsidio a la gasolina, vigente desde hace quince años, considerando los precios a que podría el petróleo venderse fuera e incluso descartando por ser difícilmente cuantificables lo que los economistas llaman costos externos o externalidades, podría estimarse en casi treinta mil millones de dólares/año (cifra de Marcos Sandoval); con él se echan a pérdida alrededor de ochocientos mil barriles de petróleo que queman nuestros automóviles al día y que de ser colocados en el mercado externo equivaldrían a un aumento de la oferta exportable global del orden de tal vez un 40%, sin invertir un céntimo adicional.

Decía por lo demás en días pasados otro distinguido comentarista, esta vez del IESA, Francisco Monaldi, en entrevista televisiva matutina, que para levantar el subsidio, que en sus mismas palabras beneficia sólo al 20% de la población más rica del país a costillas del 80% más pobre, habría que pensar en sustituirlo por otro que no discriminase a ningún sector de la sociedad, para concluir que ello sin embargo tendría que ser objeto de un programa de largo plazo.

Pues bien, dando por buena la palabra del entrevistado Monaldi y visto desde la perspectiva de un no-especialista como quien esto escribe, un programa de esa naturaleza sí luce posible de ser puesto en práctica de inmediato, siempre que consiga conjugar tres objetivos en el sector de la energía.

Pero ese será el tema de la próxima nota: SUPERAR LA ADICCIÓN AL PETRÓLEO.

Desde mi parcial y limitada visión.

www.eliastoro.net
@toroelias

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