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viernes, 11 de mayo de 2012

Testimonio del infierno


Tal Cual

Vamos a llamarlo Isaías: es abogado y estuvo interno en La Planta durante casi dos años, a veces "achicharrado". ¿Puede un infierno de estas dimensiones detenerse o ya, a estas alturas, el país entero es una vasta Planta? 

SEBASTIÁN DE LA NUEZ 


Aunque yo cumplí una pena, estoy claro que no formo parte de ese mundo.

En mi comportamiento usual soy bastante lejano a lo que se podría llamar un delincuente. He estado en La Planta y eso que se está viendo en estos momentos, un supuesto pran recluido en El Rodeo haciendo el papel de negociador con otros pranes de La Planta, pareciera un absurdo. Porque, ¿en base a qué negocia una persona recluida? Absurdo. Pero déjame corregirme: no es un absurdo, es la realidad. Ellos sí tienen con qué negociar. Una de las cosas que pasan en los penales, y las autoridades no lo entienden, es que dentro de las cárceles no hay Estado de Derecho. Para nada. Allí funciona la rutina: las normas de los presos para los presos.

Dentro de ese sistema carcelario, tienen rango jurídico. Te lo dicen en primer año de Derecho: para que una norma sea legal tiene que ser, en principio, acatada con normalidad por todos. Y debe ser coercible, es decir, que si no la cumples te pueden obligar por la fuerza a cumplirla.

Bueno, eso es así: en las cárceles las normas de los presos se cumplen. La diferencia es que hay muchas normas pero las penas son muy pocas, todas aplicadas con arma de fuego o chuzos. Sabes que si incumples una norma la primera vez lo que te vamos a dar es un patero.

Por ejemplo, si ves mal a una visita. De acuerdo al estado de ánimo del pran, y si es por primera vez que lo haces, te corresponde eso, un tiro en una pierna. Pero también puede haber un barriguero, en el estómago; o un coquero.

Funciona de esa manera.

Es un Estado dentro del Estado. Desde adentro ellos [los pranes y sus secuaces inmediatos: el carro] controlan absolutamente todo. Y lo hacen gracias a algo que es positivo y negativo a la vez. El celular. ¿Qué tiene de positivo? Un preso en tiempo real, como fue mi caso, puede decirle a su esposa que lo que tiene es neumonía así que antes de entrar a visitarme compra tal medicamento. Es una ventaja frente a un Estado que no cuida ni atiende al preso. Pero lo negativo es que los pranes se comunican en tiempo real también. Y hay acceso a internet. Se dan información de cualquier tipo.

¿Cómo controlan ellos muchas situaciones? Bueno, con el poder del dinero: es un círculo vicioso muy bien engranado donde lo primordial es el negocio de la droga. Mucha gente se pregunta por qué esos tipos no quieren ser trasladados o por qué se matan para ser los principales [pranes] de un pabellón o de un administrativo, o de tal o cual torre en El Rodeo. Porque controlan el negocio de la droga. Es más, controlan todos los negocios en el penal.

Eso les da dinero.

Dinero con el cual compran funcionarios. Para que ese negocio funcione tienen que estar involucrados todos: los custodios del Ministerio de Asuntos Penitenciarios, los guardias nacionales y funcionarios diversos de la Policía, afuera. Dentro de la prisión se maneja todo: droga, alcohol, prostitución, juegos de azar... Uno debe ser serio en lo que plantea: si digo droga es porque vi las panelas una arriba de la otra.

Si digo alcohol es porque vi llegar las cajas.

La marihuana llega en panelas, solidificada, compactada. Igual que la cocaína. Y ellos adentro la preparan libremente. A mí lo que me causaba más temor no era el armamento en sí, sino ver que quien a las 7:00 de la mañana había estado fumándose un tabaco de marihuana, consumiendo cinco piedras de crack y tomándose media botella de whisky, andaba luego con una granada en la cintura y dos pistolas en las manos. Un lucero. Una persona consciente no tiene un momento de descanso viendo eso.

Vi de todo. No puedo llamarlos secuestros, pero sí extorsión de presos contra presos. Con respecto a lo que está pasando en La Planta, es probable que los principales negocien su propia salida para contribuir a algunas de las peticiones que está haciendo el Gobierno. Porque hasta ahora, ¿quién sabe cómo salió Oriente y todos los que formaban su grupo allá en El Rodeo? Nadie lo sabe. ¿Quién garantiza que no se promueva una fuga calculada de diez personas? Nadie lo puede saber.

Pudiera ser que entre los principales se pongan de acuerdo para irse quienes tengan condenas más largas. Y los que tengan condenas más cortas, vamos a usar un término coloquial, aguantan la pela. Y siguen manteniendo las armas.

Para leer el testimonio completo visite la página www.hableconmigo.com

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