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sábado, 14 de abril de 2012

Se voltea la tortilla


ALBERTO LOVERA - Tal Cual

Para los que lo habían olvidado, la política es como la marea, sube y baja. O para quienes les gustan los símiles económicos, son como las acciones de la bolsa, a veces en alza, a veces en baja, en ciertos momentos pasajeros estables. Pero la política la hace la gente y sus expectativas, deseos e intereses. Nadie puede pretender que se le adhieran para siempre, independientemente de sus actuaciones. Los ciudadanos van evaluando y reaccionando.

Y hay momentos en que ya no les gusta lo que están viviendo y optan por el cambio. Esta es la atmósfera que experimentamos en nuestro país. Hay un deseo de un cambio de rumbo.

Pocas veces esto sucede abruptamente, aunque hay momentos que marcan la ruptura. Es lo que coloquialmente se llama "la procesión va por dentro".

Diferentes indicios van apareciendo hasta que cristalizan nuevos alineamientos.

Las viejas adhesiones se van desgastando, hay desencanto y desaliento, pero no hay una ruptura hasta que se percibe que hay una opción diferente y prometedora que no sea percibida como la restauración del pasado que no se quiere, pero tampoco la continuación del presente que se ha vuelto viejo, perdiendo su energía de reinvención.

Cuando la gente se enfrente al dilema de escoger un nuevo Presidente, pasados catorce años de gobierno, se encontrará con que esa energía arrolladora en la cual cifró tantas esperanzas se ha desvanecido. Que pasada más de una década ya no se puede creer que el futuro será muy diferente al presente en manos de quienes tuvieron un apoyo popular arrollador y los recursos para hacer realidad lo que prometieron. Nada indica que en sus manos el futuro será distinto y mejor.

Derrocharon su oportunidad y la gente tiende a buscar un nuevo camino.

Ya la alternativa democrática al poder actual no es sólo una promesa. Desde los gobiernos regionales y locales han mostrado que sin perder las conquistas del movimiento popular, una gestión estatal más inclusiva y sin confrontaciones estériles entre venezolanos es posible. Que podemos construir un país donde quepamos todos, respetando nuestras diferencias y ópticas.

La tortilla se volteó. Los que en su momento estaban cerca del palpitar popular están ausentes, mientras una nueva corriente política va casa por casa a encontrarse con las necesidades y aspiraciones de la gente, proponiéndole un programa de cambio que los entusiasma. Ya no es un mesías que resolverá por su propia fuerza los problemas, ahora es un dirigente que encabeza un equipo que con la gente atenderá los problemas pendientes.

Ahora la energía y el entusiasmo cambiaron de acera.

Está en proceso este cambio de óptica que va labrándose su adhesión paso a paso, venciendo resistencias. Falta una trayectoria por recorrer para convencer de que lo que viene es una oportunidad prometedora, en contraste con una promesa de los que no fueron capaces de hacer en largos años de gobierno y con todos los poderes a su servicio. El mandado no está hecho, aunque crece la fuerza del cambio.

Hay mucho por hacer aún para incorporar a esta corriente a un torrente nacional que haga suya esta tarea colectiva de cambio para el bienestar de nuestro país y su gente. Cada día se ven mayores posibilidades.

alberto.lovera@gmail.com

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