ATENCIÓN USUARIOS DE ARAGUA SIN MIEDO
La computadora desde donde actualizamos la página web de la organización y publicamos los anuncios de los eventos está dañada desde la mañana del domingo 12 de marzo de 2017, por lo que les informamos que haremos una pausa técnica en la actualización mientras resolvemos los inconvenientes. Gracias por su atención!!!
sábado, 14 de abril de 2012
Incontinencia de fe
LEONARDO AZPARREN GIMÉNEZ - Tal Cual
La incontinencia es una patología que consiste en la expulsión involuntaria de cualquier cosa y, en medicina, es peligrosa por la vergüenza que puede causar. Pero se puede ser incontinente de diversas maneras y con distintos propósitos. Una incontinencia peligrosa es la expulsión incontrolada de palabras, hasta hacerlas perder su sentido, obnubilar a quien las dice y aturdir a los oyentes. Es práctica frecuente para controlar poblaciones de bajo nivel cultural y poca capacidad de comprensión de las virtudes, limitaciones y trampas de la lengua que se habla.
Pero, la incontinencia puede ser una táctica política para, precisamente, obnubilar a los otros y obtener beneficios. En este caso, la incontinencia es una gestualidad más allá del simple empleo de palabras, para proyectar un modelo de conducta parecido, engañosamente, al de quienes se quiere obnubilar. La historia está llena de ejemplos, por lo general merecedores del apelativo sofista, para indicar el mucho hablar y poco decir; o, en nuestro caso, el mucho mostrar y poco contener.
Hablar, hacer y mostrarse sofísticamente es engañar; es un comportamiento éticamente censurable.
Cuando esa incontinencia invade espacios privados como la fe para obtener réditos políticos, estamos ante un atentado soez, porque es una manipulación el sistema de creencias de una población, lo que también es una burla.
La incontinencia de fe es practicar el exhibicionismo religioso. El comandante del régimen que nos agobia es ducho en esto. Peregrinó hasta La Grita para pagar una promesa al Cristo de esa ciudad; lo mismo hizo hasta el santuario de la Patrona de los venezolanos, en Guanare; y recientemente pidió, en jueves santo y en su tierra, llevar la cruz y las espinas de Cristo: "yo sangro, pero dame vida", acotó, y pidió una vida llameante y dolorosa mientras comulgaba. Místicos como San Juan de la Cruz no alcanzaron éxtasis públicos de esa magnitud, menos aún con la cobertura exhibicionista de los medios de comunicación del sistema gubernamental. Esta pública manifestación de fe y humildad, casi mártir, se dio sin solución de continuidad después de prometerse y prometernos acabar con la burguesía y tildar de cochino a su contendor electoral.
Una tarea, quizás la más sagrada, del sacerdocio, es dar los sacramentos a los creyentes; no negárselos nunca a quien los solicita.
Es, quizás, en momento más íntimo y rotundo de la confirmación de la fe. Íntimo por la relación directa con Cristo. Y Él mismo alertó contra los falseadores de esa relación: "Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar erguidos en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para exhibirse ante la gente. Os lo aseguro: ya están pagados... No ensartéis palabras y palabras, como los gentiles, porque se imaginan que a fuerza de palabras van a ser oídos" (Mateo; 6: 5, 7).
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



No hay comentarios:
Publicar un comentario