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lunes, 26 de marzo de 2012

Venalum sin diálogo

Tal Cual Digital

Gobierno parece preferir el deterioro de la empresa antes de ceder a la protesta. Van 18 días de conflicto sin mediación alguna. Solo hay medidas de represalias como suspensión de salarios. Igual que antes del conflicto, la empresa carece de insumos y más celdas van saliendo de servicio

DAMIÁN PRAT C./ Guayana

Durante los últimos 18 días la gran mayoría de los trabajadores de Venalum se han mantenido en conflicto, "de brazos caídos", agrupados en el portón II de la empresa y tan solo garantizando los llamados "servicios mínimos" de Ley que impiden que las instalaciones y equipos de la empresa sufran daños irreversibles dado que se trata de una empresa de producción continua.

Tres cosas llaman la atención en el conflicto: la firmeza con que se ha mantenido la protesta a pesar de lo prolongado de ésta y de las represalias; la total ausencia de intención de diálogo o negociación por parte de las autoridades rojas rojitas de la empresa, la CVG y el Gobierno nacional pues ni uno solo de ellos se ha acercado al portón o ha convocado a las partes a reunión alguna y el rechazo generalizado que le muestran los trabajadores a la directiva de su sindicato que apenas fue electo hace cuatro meses.

El reclamo principal de los trabajadores ha sido que se convoque a la discusión del contrato colectivo, vencido hace cinco años y que hasta ahora ha sido prohibido por instrucciones emanadas de la Vicepresidencia de la República "siguiendo instrucciones del Comandante-Presidente".

No obstante, también surgen los reclamos por el estado de deterioro productivo de la planta, acumulado a lo largo de los últimos seis años por abandono de las inversiones y el mantenimiento, pero en especial desde la orden de Chávez en diciembre de 2009 de clausurar ­y por tanto dañar irreversiblemente- 400 de las 905 celdas de reducción en las que se produce el aluminio.

Hasta ese momento, a pesar del deterioro de instalaciones y de equipos que se vislumbraba y de que ya tenía cuatro años consecutivos arrojando pérdidas (pese a los altos precios de venta del aluminio en el mercado internacional), Venalum producía el tope de su capacidad instalada de 430 mil toneladas anuales del metal.

PÉRDIDAS MILLONARIAS

Desde la orden del presidente Chávez de clausurar cerca del 40% de su capacidad productiva "para ahorrar 350 MW de energía" y no racionar a Caracas, Venalum dejó de producir un aproximado de unas 340 mil toneladas de aluminio que al precio promedio algo conservador de unas 2.100 dólares la tonelada, serían 700 millones de dólares. Un golpe financiero demasiado grande que el Gobierno nunca quiso compensar ni resarcir.

Nunca se aprobaron inversiones para recuperar las celdas dañadas, para recuperar equipos o para equilibrar el daño del balance financiero de la empresa. Mucho menos para reponer las pérdidas salariales y de beneficios del trabajador que han financiado parte del déficit.

Por el contrario, a mediados de 2009 el Gobierno aprobó en secreto -luego se supo al filtrarse documentos- un convenio con la transnacional Glencore, que prestó 500 millones de dólares, depositados extrañamente en la sucursal de El Líbano de un banco ruso, a ser pagados hasta 2018 con el 34% de la menguada producción anual de Venalum. El dinero, sin embargo, nunca fue a Venalum sino -presuntamente- a las arcas del gobierno central.

TRABAJADORES SIN SALARIOS

La semana pasada, el presidente de Venalum, Rada Gamluch, reclamó a los trabajadores en huelga "que están impidiendo el plan de recuperación de Venalum" y los boletines internos de la empresa los culpan, también, de "la desincorporación de otras 27 celdas".

Los trabajadores han denunciado que "la causa de la desincorporación de celdas es que no hay insumos para el mantenimiento como el coque petrolero y los baños de fluoruro" y argumentan que si existieran esos insumos, ellos garantizarían el mantenimiento.

Rechazan las acusaciones de Gamluch, además, preguntándose "cuál plan de recuperación y cuáles inversiones" del que jamás hubo noticias hasta el día de hoy.

En casi tres semanas de conflicto, igual que hizo durante 50 días con el desastre del río Guarapiche causado por Pdvsa, Chávez no ha dicho ni una palabra en lo que no pocos trabajadores interpretan como "indiferencia" hacia los problemas laborales y la crisis productiva de Guayana.

Las represalias del Gobierno incluyen suspensión de salarios a cientos de trabajadores y presión judicial tratando de acusar a los trabajadores de "violar la libertad económica y el derecho al trabajo".

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