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jueves, 14 de julio de 2016

Crece el infartante drama de quienes no tienen qué comer

PRENSA MUD

¿Es posible que una persona angustiada por la carestía de alimentos sufra un infarto?

Pues, aunque a algunos pudiera parecerles una pregunta que magnifica la crisis, tal situación, lamentablemente, es cierta: a la señora Carmen Lombana, de 61 años de edad, residenciada en la urbanización El Marqués, en el municipio mirandino Sucre, le ocurrió no una, ¡sino dos veces!, tal cual lo atestiguó este jueves al equipo de Prensa Unidad Venezuela.

“En una de las ocasiones me sucedió en el Makro de La Urbina. Hice mi cola desde la madrugada, para, tal como se acostumbra, adquirir un par de productos – dos paquetes de Harina Pan, dos de arroz – y cuando llegué a pagar la cajera me dice que no puedo cancelarlos. Hablé, entonces, con el gerente del local, y me señaló que no podía ayudarme. Fue cuando me regresé llorando a mi casa y allí sentí el sincope”, dijo narrando la amarga experiencia.

Pero no acaba con eso su drama. “Otro episodio desagradable lo tuve en Plan Suárez, cuando, después de haber esperado desde las 2 am, bajo la lluvia, en zozobra por no tener alimentos – ni harina, ni arroz, ni siquiera una gota de aceite -, resulta que lo que estaba en venta era solo jabón en polvo, lavaplatos y pasta dental”.

“¿Y eso es lo que voy a dar de comer en mi casa?, inquirí al encargado del expendio, y él me dijo que la comida se había acabado y que, ídem, no podía hacer nada por mí. Y, de nuevo, estallé en llanto”, comentó.

Para esta dama lo que Venezuela está atravesando “no es lógico, es una burla contra el pueblo”.

“A mí hasta me han asaltado en la cola. Para colmo, tampoco consigo los medicamentos que requiero – aspirina, anticoagulantes, fármacos para el colesterol -. A veces me ayudan amigos que viajan a Colombia y me los traen, pero me salen muy caros. Tengo, incluso, que dejar de comer para poder comprar las medicinas. No vaya a ser que sufra de otra cardiopatía”, manifestó con preocupación.

Sufriendo desde la primera edad

Otro caso que llama la atención es el de Élida, domiciliada en Petare, quien ha sufrido lo indecible para darle el tetero a su bebé de 2 años. “Me ha tocado arriesgarme saliendo a hacer cola a la una de la mañana. Conseguí un producto colombiano que no necesita leche, aunque también he debido suministrarle cualquier avena cocinada”.

En casa, la fémina mostró a la periodista tanto su nevera como las despensas de la cocina, vacías. “No hay arroz, no hay harina, no hay azúcar – tengo como dos años que no veo azúcar -. Estamos sometidos a la ‘dieta de Maduro’. ¿Y qué come uno? Esa interrogante es bárbara, porque lo único que medio hay es yuca, plátano, papa o ñame. El descaro de los supermercados es dar apena dos artículos de la cesta básica por consumidor. ¡Y resulta que aquí vivimos cinco personas!”, expresó.

La ciudadana aprovechó para formularle un reclamo a la titular de Relaciones Exteriores (Delcy Rodríguez): “la canciller sostiene que aquí no pasa nada porque ella no se la pasa aquí. Somos los venezolanos de a pie los que nos calamos el hambre y muchos niños están falleciendo desnutridos”, aseveró.

Entretanto, en el barrio Bolívar, una joven identificada como Helen también atraviesa un viacrucis para que su bebita de 4 meses pueda tomar tetero. “No he logrado conseguir fórmulas. Un vecino me dio un poquito de arroz, y mi mamá lo cocinó, y le estoy suministrando la agüita. No sé cómo va a crecer mi niña”, relató apesadumbrada.

“Aquí, al contrario de lo que dice el ministro de Alimentación (Rodolfo Marco Torres) no han llegado los CLAP. Dependo de lo que otras personas me den y de lo poco que gana mi madre”, afirmó, a la par que abría la nevera, cuyo contenido era solo mangos, agua de arroz, hielo en el freezer y algunos huesos de pollo para, como informó, “hacer una sopita”.

Finalmente, en la misma barriada sucrense fue recabado el clamor de una niña de 11 años, quien se ha ausentado del plantel de clases por no haber probado bocado.

“Me siento mal porque tengo el estómago vacío. A veces no asisto a la escuela porque no he comido, y si voy es sin desayunar. Sin embargo, el otro día no sentí hambre porque tenía gripe”, indicó con toda su inocencia, la que no tienen aquellos que sufren de la enfermedad del poder.





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