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Fecha: 05/07/2016
DIEGO ARROYO GIL
@diegoarroyogil
Ana Teresa Torres (Caracas, 1945) es una de las principales escritoras de Venezuela. Autora de novelas muy leídas como Doña Inés contra el olvido y La escribana del viento, y autora de ensayos premiados y comentados en el país y en el extranjero, como La herencia de la tribu, en 2006 ingresó como Individuo de Número en la Academia Venezolana de la Lengua. Antes de dedicarse enteramente a la escritura, desarrolló una sólida carrera como psicóloga y psicoanalista. Hace apenas unos meses publicó Fervor de Caracas, un libro en que recopiló textos de variado género en torno a la ciudad. Su figuración pública como intelectual ha sido frecuente y ha ido en aumento desde 1998 hasta la actualidad. Como si nos reuniéramos para hablar con Ana Teresa sobre el estado de salud de un paciente, esta entrevista ocurrió en la fuente de soda de la Clínica El Ávila, un lugar donde –como ella indicara– “se puede conversar con tranquilidad”.
–Para comenzar, me gustaría saludar a la Ana Teresa Torres ciudadana, como si usted fuese una mujer desconocida que está en una cola de abasto o de panadería. ¿Cómo está viviendo lo que está pasando en Venezuela?
–Como los síntomas de un desastre. Pasas de una cola a otra, de un mercado a otro y ves lo mismo: desesperación. Yo todo esto lo veo con una gran tristeza. Ese es el sentimiento que para mí engloba todo o casi todo lo que está ocurriendo. Ahora, si este drama, el drama de la escasez, hace que la gente se rebele, habrá que verlo como algo que era necesario para abrirnos la puerta hacia un cambio político. Ojalá que así sea
–Que la gente se rebele ¿en qué sentido?
–Yo en las colas he escuchado decir que el Referéndum Revocatorio es una vía para acabar con el problema. Esa no es una buena definición política del RR, si lo vemos desde un punto de vista estricto, pero mueve emocionalmente a mucha gente.
–Usted menciona la tristeza. ¿Cuáles otras emociones ha sentido en estos años?
–¡Uy! Me he movido entre la tristeza y la rabia, la furia de ver, paso a paso, la destrucción de las instituciones, de la economía, de la moral. Pero quizás en este momento predomina en mí la tristeza por razones de edad.
–Hace un par de semanas fueron profanadas las tumbas de Rómulo Gallegos e Isaías Medina Angarita en el Cementerio General del Sur. Me gustaría un comentario suyo al respecto.
–Mi primera reacción fue la incredibilidad. Me dije: “No puede ser que sea cierto lo que estoy leyendo”. Esas profanaciones son un síntoma clarísimo de la degeneración del tejido moral de la sociedad. ¿Tú te imaginas lo que sería que en París se profanara la tumba de Balzac, o que a alguien se le ocurriera profanar la tumba de Faulkner en el estado de Mississippi? Habría una gran conmoción política, policial, social. Aquí no ha pasado nada. Yo recuerdo a Michaelle Ascencio, que decía que uno de los signos que distinguen a los seres humanos de los animales es el respeto por los muertos, el culto a los muertos. No me he recuperado todavía, a pesar de que han pasado los días.
–El país marcha a la deriva, está a punto de bestializarse. Eso no solamente tiene implicaciones en las áreas más visibles de la vida sino también en la psique colectiva e individual del venezolano. ¿Qué ha reflexionado usted sobre este asunto ya que, además de escritora, es psicoanalista?
–No tengo ninguna experiencia sobre esto. Yo no había visto nunca algo así. Creo que todos somos testigos asombrados de una circunstancia que se ha ido dando de manera progresiva. Se están cometiendo crímenes horrendos. Es la barbarie, verdaderamente. Me pregunto cómo ha ocurrido lo que ha ocurrido. Y supongo que es un fenómeno muy complejo, una cosa que no se puede explicar de una única manera. Los seres humanos somos capaces de cualquier cosa. Lo que puede frenarnos es la norma. Pero las normas se han desintegrado. Los economistas dicen, y tienen sus razones, que si Venezuela recibe dinero fresco y se toman algunas medidas básicas, el país se recupera bastante rápido en ese campo. Pero ¿cómo se recupera el tejido moral? ¿En poco tiempo? No lo creo. El daño que se ha causado va a quedar, aunque la experiencia histórica indica que los pueblos finalmente se recuperan. Lleva décadas, eso sí. Décadas de educación y de escuchar nuevos discursos, de modo que las siguientes generaciones no vengan con la misma enfermedad. Estos son temas muy importantes para el estudio de sociólogos, psicólogos, focus groups. ¿Cómo se recompone una sociedad que se ha acostumbrado a que cualquier crimen es posible?
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