Brasil se hunde como Venezuela, pero a lo bestia. Muy pocos creen que la presidenta Rousseff concluya su mandato. Se dice que Petrobras está sumergida en el escándalo financiero más grande y más dañino de su historia
MARIO SZICHMAN/ Nueva York
En el campo de la extracción y procesamiento del petróleo, se la consideraba el buque insignia de Brasil a nivel internacional.
A fines de febrero, Moody’s Investors Service se convirtió en la primera agencia internacional de evaluación de riesgos que bajó la calificación de Petrobras y la envió al territorio de “junk”, allí donde pululan los bonos basura.
La principal razón de Moody’s para desconfiar de la salud financiera de Petrobras es que la empresa se ha negado a divulgar la auditoría contable del año 2014. Es decir, nadie está enterado del estado de sus finanzas, especialmente los tenedores de bonos. Y si alguien está enterado debe sentirse tan horrorizado ante sus balances, que prefiere encubrir los datos.
Petrobras está sumergida en “el escándalo financiero más grande y más dañino en la historia de Brasil”, dijo Jonathan Wheatley, corresponsal de The Financial Times en la nación sudamericana.
Rodrigo Janot, procurador general de Brasil, solicitó en fecha reciente la aprobación de la Corte Suprema para investigar en Petrobras 28 casos de corrupción administrativa que involucran a 54 personas. En su gran mayoría se trata de políticos. Por ahora, sus nombres no han sido divulgados. Quizás en algún momento eso ocurra. Pero han proliferado las denuncias.
Pedro Barusco, ex ejecutivo de Petrobras, acusó a João Vaccari Neto, tesorero del Partido de los Trabajadores, fundado por el expresidente Inacio Lula da Silva, de “extraer” unos 200 millones de dólares de las arcas de la compañía a través de una serie de maniobras ilícitas.
Por supuesto, el Partido de los Trabajadores negó vigorosamente las denuncias. También, con similar vigor, amenazó con entablar una demanda judicial al señor Barusco.
Versiones de prensa señalaron que entre los implicados habría varios legisladores así como los presidentes de ambas cámaras del Congreso, un tedioso lugar en que a los parlamentarios opositores no suelen caerles a coñazos.
Según medios periodísticos brasileños, dos prominentes políticos del Partido del Movimiento Democrático Brasileño estarían implicados en el escándalo. El PMDB es el principal socio en la coalición gobernante liderada por el Partido de los Trabajadores. Según la prensa, tanto Renan Calheiros, presidente del Senado, como Eduardo Cunha, presidente de la Cámara Baja y líderes del PMDB, figuran en la lista de Janot.
BYE, BYE, DILMA
Más allá de las conjeturas, hay algo que ni el más entusiasta de los partidarios de Dilma Rousseff (deben existir todavía uno o dos) puede negar: la presidenta, por comisión u omisión, está en el centro del escándalo, pues con ella empezó todo, cuando era presidenta del directorio de la compañía (2003–2010).
Aunque no hay evidencias de que Rousseff estuvo implicada en actos de corrupción, más de uno se pregunta si vivía en la luna en el 2009, cuando comenzaron a presentarse en el Congreso evidencias de nutridos chanchullos.
Mario Marconini, de la firma Teneo Intelligence, dijo que es probable un juicio político a la presidenta de Brasil. “Dilma Rousseff fue ministra de Minas y Energía, jefa de gabinete de la presidencia y presidenta de la junta directiva de Petrobras durante la época de los presuntos delitos”, dijo Marconini.
El último escándalo de Petrobras estalló en marzo de 2014, luego que fiscales federales acusaron a algunas de las principales empresas de construcción de Brasil de pagar sobornos para asegurar contratos con la compañía estatal estimados en 23.000 millones de dólares.
Según los fiscales, los contratistas llevaron a cabo una serie de maniobras para acrecentar los precios de sus labores. Parte de las ganancias ilícitas fueron entregadas a ejecutivos de Petrobras y a políticos.
Varios grupos de ciudadanos han comenzado a pedir el juicio de Rousseff, por presunto saqueo de dineros públicos. (En Brasil, robar al erario sigue siendo considerado un delito).
Desde comienzos de septiembre pasado, cuando el escándalo ocupó las primeras planas de los diarios debido a la campaña electoral que culminó con la reelección de Rousseff, el paquete accionario de Petrobras cayó casi un 60 por ciento. Las pérdidas superan los 78.000 millones de dólares.
La empresa es el ente petrolero más endeudado del mundo. Sus problemas de financiamiento han llegado a tal nivel que inclusive se mencionó su posible bancarrota.
El escándalo de Petrobras, dijo The Wall Street Journal, “ha paralizado sectores esenciales de la economía brasileña, ha echado a la calle a millares de trabajadores y empleados, y ha causado indignación pública por el presunto saqueo de la compañía más importante de Brasil”.
Nadie sabe qué ocurrirá en el futuro. Pero, en algún momento, dijo The Financial Times, “Rousseff se verá obligada a elegir entre intentar defender a su partido, o proteger su legado como presidenta. El dilema podría ser especialmente difícil si el señor Lula da Silva es implicado en el escándalo, pero al final, es posible que la señora Rousseff intente salvarse a sí misma”.
João Augusto de Castro Neves, del Grupo Eurasia, una empresa internacional que asesora en inversiones, dijo que Rousseff “No piensa ahogarse con Lula o con el Partido de los Trabajadores”.
@mszichman
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