Campamentos de refugiados en el desierto CORTESÍA
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EL UNIVERSAL
domingo 10 de agosto de 2014 12:00 AM
Más de 30.000 toneladas de fosfato acaban de llegar a Puerto Cabello desde el norte de África, a bordo de un vapor de bandera china llamado Shi Long Ling. La carga atracó el 26 de julio tras un periplo de más de 3.200 millas náuticas, que no pasaría de otro de los tantos trazos que se dibujan y desdibujan en el mapa del tráfico marítimo del mundo, si no fuera porque Venezuela denuncia una invasión en el Sahara Occidental, pero compra a Marruecos los recursos naturales que importa desde ese territorio.
Lejos de Gaza, Ucrania o Siria, el Sahara Occidental mantiene un conflicto de casi 40 años por un territorio, que Marruecos ocupa desde que España terminó de abandonar lo que fue su última colonia.
La Organización de Naciones Unidas (ONU) ha condenado la extracción de las riquezas del pueblo saharaui en una serie de resoluciones y pronunciamientos desde 1975. En el año 2002 a través del llamado informe Corell, el entonces Subsecretario General para Asuntos Jurídicos de la ONU, Hans Corell, advirtió sobre "explotación y saqueo". La roca fosfática del Sahara, la joya de la corona en este conflicto, igual sigue en poder de Marruecos y a Venezuela viene importada por empresas del Gobierno nacional para la industria agroquímica.
El último barco llegó hace dos semanas y no se trata de un caso extravagante. Marine Traffic, ExactEarth y otras bases de datos de tránsito marítimo del mundo colocan al territorio nacional en el mapa de las embarcaciones que salen de El Aaiún, la capital del Sahara Occidental, controlada por Marruecos y de cuyo puerto salen buques graneleros cargados con fosfato.
El primero de agosto de 2012 desembarcaron 22.000 toneladas de roca fosfática del Sahara en esta parte del mundo; el 9 de noviembre de ese mismo año se recibió otro lote con 24.200 toneladas y el año pasado llegaron 59.560 toneladas más, en dos barcos que atracaron primero el 17 de enero y luego el 12 de mayo de 2013 en los muelles que la Fuerza Armada Nacional se reserva en Puerto Cabello, a través de la Oficina Coordinadora de Apoyo Marítimo de la Armada (Ocamar).
Las notas de embarque (Bill of ladings) precisan que Pequiven, Bariven y otras empresas del Estado importan fosfato a Venezuela. Así queda asentado en los registros portuarios como lugar de origen "El Aaiún, Marruecos", a pesar de que el Gobierno nacional cierra filas por la independencia del Sahara Occidental. Tanto así que el propio presidente Hugo Chávez se declaró siempre defensor de la causa saharaui.
Cruce diplomático
En 2004 Chávez recibió con honores a Mohamed Abdelaziz, el presidente de la proclamada República Árabe Saharaui Democrática, y cinco años después le envió al embajador de Venezuela en Argelia, Héctor Michel Mujica, para que le presentara sus credenciales en los campamentos de refugiados saharauis que permanecen en Tinduf y otras zonas del suroeste argelino.
Mujica reiteró el respaldo de Venezuela "al derecho de autodeterminación del pueblo saharaui y a la constitución de un Estado independiente", lo que una semana después desencadenó en el cierre de la embajada de Marruecos en Caracas.
Como China a Taiwán, el reino de Marruecos no reconoce al Polisario (el Frente Popular de Liberación de Saguía el Hamra y Río de Oro); ni a ese ni a ninguno de los movimientos independentistas saharauis que hacen una distinción entre las fronteras de hoy y el Gran Marruecos que, aun antes de la conquista española, incluía al Sahara Occidental entre otros territorios vecinos que actualmente forman parte de Argelia, Mali y Mauritania.
Marruecos lamentó hace cinco años que Venezuela no asumiera una postura más neutral frente al Sahara y la acusó de hostil. "Las autoridades de Caracas han participado activamente en las campañas bélicas de los adversarios de la unidad nacional y han comprometido, en esa escalada absurda, a las más altas esferas venezolanas", concluyó el Ministerio de Asuntos Exteriores de ese país en un comunicado difundido por la agencia oficial MAP el 15 de enero de 2009, el mismo día que mudó su embajada a República Dominicana.
Chávez no habló sobre el asunto; tampoco el presidente Nicolás Maduro, que entonces se desempeñaba como canciller. Quien sí respondió fue el viceministro para África, Reinaldo Bolívar, que manifestó sorpresa porque no había recibido ningún llamado que participara alguna molestia desde Rabat. Si bien señaló que el reino de Marruecos tenía derecho a clausurar sus embajadas, juzgó "tendenciosas e irrespetuosas las especulaciones marroquíes acerca de que Venezuela financia y participa en campañas belicosas contra ese país".
Otra guerra fría
De ese impasse no hubo más. El asunto quedó así y una serie de buques siguieron atravesando el Atlántico para transportar fosfato del Sahara Occidental a la República Bolivariana de Venezuela, cuyo partido de gobierno acaba de refrendar públicamente su apoyo a la causa saharaui ante una delegación del Frente Polisario que participó en el III Congreso del Partido Socialista Unido de Venezuela.
El pasado 26 de julio llegó el último barco con recursos del Sahara y ese mismo día el PSUV ratificó sus votos por la independencia de esa parte de África. Mientras en Puerto Cabello descargaban las últimas 31.500 toneladas de fosfato que Bariven, filial de Pdvsa, acababa de importar a través de Marruecos; en Caracas el Frente Polisario entregaba un mensaje de salutación a Maduro, que fue leído ante el auditorio.
"Son los saharaui los hermanos de Venezuela y traemos la gratitud de la resistencia civil saharaui en las zonas ocupadas de nuestros país, que sufren a diario los excesos y abusan del ocupante marroquí", se escuchó en el teatro Teresa Carreño junto a una ráfaga de aplausos.
El embajador del Sahara en Caracas, Mohamed Salem Daha, destaca el apoyo que Venezuela ha dado a su causa no solo ahora sino desde hace más de 30 años. A diferencia de Argentina, Brasil y Chile, en 1982 ya encabezaba la lista de más de 80 naciones que reconocen al Sahara Occidental como país soberano. La diplomacia bolivariana, sin embargo, no se ha limitado a levantar la mano por la independencia saharaui: el 17 de septiembre de 2011 inauguró, en alianza con Cuba, una Escuela Simón Bolívar para más de 350 alumnos de los campos de refugiados establecidos en un pedazo de Argelia.
El Embajador advierte que "cualquier explotación de los recursos del Sahara sin la autorización de los saharauis es ilegal". Desconoce sobre importaciones de fosfato para esta parte del Caribe. Jamás ha escuchado sobre el tema pero si así fuera, advierte a tirios y troyanos que tanto el fosfato como los bancos de pesca, el petróleo y la arena que otros países sacan del desierto, ha alimentado un conflicto con desaparecidos, minas antipersonales y más de 2.700 kilómetros de un muro que dividió a la población.
Es un conflicto olvidado. El internacionalista Julio César Pineda, que se acercó al caso cuando se desempeñó en África como embajador de Venezuela en Libia, cree que el Gobierno debe ser prudente. "El tema es delicado en la parte comercial porque se trata de un mineral estratégico, pero en el terreno diplomático es lamentable que Venezuela haya roto el equilibrio que siempre había mantenido y que terminó con el cierre de la embajada de Marruecos".
Para Pineda, el conflicto se ha prolongado en una suerte de guerra fría entre Marruecos y Argelia, alrededor de la que se ha conformado la diáspora saharaui. Sin contar la población dispersa en el exilio, suman más de medio millón de habitantes divididos a un lado del muro en los territorios ocupados y al otro en una serie de campamentos clavados en medio del desierto del Sahara.
Mutis gubernamental
La población dividida no ve los frutos de la venta de la roca fosfática, que en Venezuela se convierten en productos químicos como fertilizantes y detergentes que salen de filiales del Estado como Tripoliven.
Inscrita en el Registro Mercantil Segundo de la Circunscripción Judicial del Distrito Capital y Estado Miranda, Tripoliven tiene entre sus accionistas a Pequiven, Valquímica y a la empresa privada española FMC Foret, que en 2010 ya había sido cuestionada en Noruega por el Consejo de Ética del gobierno de ese país por procesar fosfato procedente de El Aaiún.
Venezuela importa esos recursos desde el norte de África, porque no explota la mayoría de las minas que sobre todo tiene en Falcón y Táchira. "Si se ponen en producción los yacimientos de rocas fosfáticas que se conocen podríamos en corto plazo cubrir la demanda nacional y hasta exportar excedentes a los países vecinos", explica el geólogo Francisco Raúl García.
El caso de Tripoliven revela que el fosfato de El Aaiún ha sido importado desde 1977. El presidente de su junta directiva, Nicolás Marín, señala que las resoluciones de Naciones Unidas son un asunto de otro nivel que escapan de su ámbito. "Eso es un tema que se maneja ya en Marruecos con la ONU, no sé cómo se está manejando pero nosotros preferimos mantenernos al margen de eso", dice. Ningún organismo del Gobierno, entretanto, ha dado luces sobre el tema: Pequiven y Bariven no han respondido los llamados que se le hicieron sobre el tema.
Marín advierte que nunca han recibido algún reclamo de la ONU, pero sí recuerda que en una oportunidad fueron contactados por una organización no gubernamental. Se trataba de Western Sahara Resource Watch (WSRW), que desde su sede en Noruega indica que la respuesta que les dieron nunca precisó si en Venezuela procesaban los recursos del Sahara Occidental: "En relación a su solicitud de información cumplimos en informarle que Tripoliven no está importando roca de la empresa OCP", aseguró entonces la empresa venezolana a sus interlocutores noruegos.
Para el presidente de la organización Western Sahara Resource Watch, Erik Hagen, frenar este intercambio comercial en Venezuela sería la mejor muestra de apoyo. "El Gobierno venezolano ha mostrado excelentes palabras de solidaridad a la gente oprimida del Sahara Occidental, por eso es triste ver que es el único gobierno en el mundo cuya compañía estatal está involucrada en estas importaciones", dice. "Culminar con este comercio sería la mejor muestra de solidaridad -y apoyo a la legislación internacional- que podría mostrar".


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