No hay una, ni única, salida para la situación política venezolana. Lo que está claro es que para encontrarla es indispensable un cambio en la manera como el gobierno se “relaciona” con los sectores que lo adversan.
Es imposible seguir manteniendo el lenguaje descalificador en lo político, y mucho menos en lo personal, que ha sido la norma en estos últimos 15 años, El gobierno no puede llamar al diálogo a quienes de entrada son descalificados con adjetivos ofensivos y sobre todo, a los que no se les reconoce la representatividad política que demostradamente tienen.
En consecuencia encontrar la salida demanda el reconocimiento político de al menos la mitad de la población venezolana, el cual no puede ser meramente declarativo y exige demostraciones concretas en el día a día social y económico del país.
De inmediato se impone un cese a la criminalización de la protesta y la libertad inmediata de los detenidos por ejercerla. Al unísono, es de justicia, detener y procesar a aquellos sospechosos de haber causado la muerte de manifestantes indefensos, procediendo al desmantelamiento de los grupos paramilitares, intencionadamente mal llamados colectivos, a los que se le ha encargad el trabajo sucio en lo que a la represión se refiere.
Restablecer la paz pública y la conformación de una instancia equilibrada de encuentro político para las partes, debe marcar el inicio de la indispensable reinstitucionalización de los poderes, procediendo a llenar los vacíos existentes en estos, para lo cual bastaría un acuerdo alrededor de hombres y mujeres, capaces y honestos, que puedan garantizar el cumplimiento de la constitución vigente y en ningún caso representar el reparto burocrático de cuotas de poder.
Adicionalmente, una Asamblea Nacional dispuesta a trabajar por los acuerdos políticos que faciliten afrontar los inocultables problemas que vivimos como sociedad, sería de gran ayuda en estos momentos difíciles.
Estos mínimos, fáciles de alcanzar si privasen los intereses de todos sobre los de unas minorías obcecadas por sus privilegios, y al logro de los cuales están obligados los que ejercen la política, darían paso a un futuro indudablemente difícil, pero con posibilidades de salida, tal y como están contempladas en la constitución nacional.
No hay que ser un analista político experto para entender que es preferible sentarse hoy a dialogar, que esperar el paso del tiempo y que sea el aumento en el número de muertos, desaparecidos, heridos y detenidos, aparejado con la inevitable agudización de la situación económica, lo que nos obligue a hacer lo que deberíamos estar haciendo ya.
Santiago Clavijo A.
Aragua sin Miedo
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viernes, 21 de febrero de 2014
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