El presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, Diego Padrón, afirma que la Iglesia entiende que en el contexto actual del país proliferen las manifestaciones, y advierte que la democracia se ha debilitado por la crisis social y política
JUAN PABLO AROCHA
Ahora, tras el conflicto político de las últimas semanas, la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) ha procurado mantener una prudencia distinta, aunque el viernes pasado emitieron un comunicado donde pide al Ejecutivo que haga lo necesario para acabar con los grupos armados en el país. A Diego Padrón, presidente de la CEV, le preocupa la situación actual del país.
"Rechazamos cualquier tipo de violencia, tanto en las manifestaciones como fuera de ellas, así como los excesos de represión de las mismas". Los sacerdotes rezan, dice, a favor de los líderes de la sociedad, para que en definitiva permitan que se pueda vivir una vida tranquila y pacífica.
–Tras casi dos meses de ese llamado al diálogo que impulsó el presidenteMaduro, ¿cuál es el balance que hacen, cómo evalúan los avances?
–Hemos observado dos cosas contradictorias: en los primeros días del año el Gobierno llamó al diálogo y hubo signos de ese intento, ahora, sin embargo, hemos visto el polo opuesto. Frente a la situación del país, que golpea a todos los venezolanos en la economía, el desabastecimiento, la inseguridad, entre otros, ha habido protesta de los estudiantes fundamentalmente y la respuesta ha sido muy violenta, en reprimir la protesta que es un derecho constitucional. Así, el diálogo se rompe.
–Frente a ese panorama, ¿considera legítima la protesta?
–En el contexto del país la protesta siempre será legítima, porque es constitucional. Nadie puede reprimir ese derecho. Por eso nosotros nos manifestamos el viernes.
–El presidente Maduro, sin embargo, ha dicho que algunas de las manifestaciones forman parte de un plan de golpe de Estado.
–Nosotros mantenemos que no existe un golpe de Estado en desarrollo, nos parece que hay simplemente una protesta interna producida por la situación del país. Yo no tengo pruebas para desmentir al Gobierno, pero creo que, en todo caso, ellos tendrán que demostrarlo. Eso se demuestra.
–¿Cuál cree que debe ser la respuesta del Gobierno ante el reclamo popular?
–No me meto a decir cuál debió haber sido la respuesta del Gobierno, ellos saben lo que tienen que hacer. En nuestro papel de obispos y sacerdotes, nuestra misión es fundamentalmente iluminar y acompañar al pueblo, porque están sufriendo la tensión, la incertidumbre, los muertos, los estudiantes detenidos. Eso crea una situación de dolor y tensión, y nosotros lo que queremos es acompañarlos.
–En el comunicado que hicieron el viernes, afirmaron que la situación actual debilita la democracia. ¿A qué serefieren?
–Obviamente existe. Todo lo que lleve a que, por ejemplo, haya inseguridad, desabastecimiento, un control muy rígido de los medios de comunicación, autocensura para omitir todo lo que está sucediendo, todo eso es debilitamiento de la democracia. Estamos preocupados por el comportamiento de los medios, durante la marcha del 12F, por eso el viernes no quisimos hacer un documento frío, que simplemente se divulgara por los medios, quisimos expresarnos a viva voz.
–¿Mantienen el contacto con el Ejecutivo que se inició en enero?
–Lo sigue habiendo. Nuestra relación con el Gobierno no ha cambiado. Efectivamente, no hablamos con el Presidente, no estamos hablando con ningún ministro, pero tenemos la puerta abierta a través de la Dirección de Culto. Conversaciones hay.
–¿Los han incluido en los planes de pacificación?
–En cuanto a los planes de pacificación, que no significa sometimiento, porque me parece que esa palabra puede ser discutida, es ambigua. La pacificación es un proceso que comienza por el reconocimiento, que luego pasará al diálogo, acciones conjuntas y luego, al final de todo, traerá la paz. La paz es el resultado de un proceso. No se puede hablar de pacificación sin tener como política desarmar a los grupos violentos.
–¿Qué rol puede jugar la oposición en esta situación?
–Todo ciudadano, sea de oposición o de oficialismo, tiene la obligación concreta de contribuir para que en el medio donde le toque trabajar y desarrollarse, el clima sea de baja tensión, de respeto y diálogo. Eso es una contribución al diálogo.


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