En Venezuela el nivel del PIB podría haber llegado alrededor del 57 o 60 por ciento, por lo que el país enfrentará una difícil situación en los próximos meses. La solución de este problema no está en aplicar una política de "shock" de crecimiento
LUIS CARLOS PALACIOS
El FMI estima que la deuda pasó a más de 100 por ciento del PIB en 2012, un nivel no visto desde la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el estímulo fiscal sólo es responsable por un pequeño incremento de la deuda, siendo la caída del ingreso fiscal, el alto desempleo y los beneficios sociales los elementos que más contribuyeron.
Un trabajo de Reda Cherif y Fuad Hasanov, Public Debt Dynamics: The Effect of Austerity, Inflation and Growth Shocks (2012), analiza este problema en los EEUU. En el actual ambiente, donde la tasa de interés es igual cero y la recuperación lenta, la austeridad o consolidación fiscal (como también se llama) puede ser un curso errado, considerándose el actual rumbo como preferible.
Los autores construyen un modelo que permite analizar la dinámica de la deuda y tres tipos de "shocks": la austeridad, inflación y el crecimiento. Se trata de un modelo VAR (vectores autorregresivos) que incluye una ecuación separada de la deuda, una tasa de deuda-PIB exógena (con sus retardos) que alimenta las ecuaciones endógenas.
Las variables macroeconómicas (que forman parte de la ecuación de la deuda) son las variables endógenas, y por tanto se construye un sistema donde se puede estudiar la reacción de los agentes a cambios que pueda sufrir la deuda.
Encuentran que un "shock" de austeridad hace bajar la deuda inicialmente, y luego esta retorna a su nivel anterior. Con un "shock" de 1 por ciento de superávit del PIB primario, y siguiendo la tendencia por tres años, se obtiene que inicialmente la razón deuda-PIB baja, pero que retorna a su valor inicial. El efecto de la austeridad sobre la razón deudaPIB no tiene importancia estadística, pero existe la posibilidad de que incremente la razón deuda-PIB.
El "shock" inflacionario aumenta la tasa de interés y el incremento de ella aumenta la razón deuda-PIB, mientras que el "shock" de crecimiento tiene la mejor posibilidad. Una mejoría de 1 por ciento en el crecimiento mejora el perfil de la deuda en 1.5 por ciento en tres años, baja la razón deuda-PIB, y en consecuencia parece que sería la estrategia adecuada.
No tocaremos el caso europeo, similar al de los EEUU solo que no constituyen un país (tienen unidad monetaria, el Euro, sin unidad fiscal) y por tanto aparentemente no tienen más salida que la austeridad, con todos los problemas que ella representa.
En Venezuela, la deuda es una consecuencia de la política fiscal y del control cambiario, cada vez más difícil de sostener. Con un precio del petróleo en alza se aplicó una política fiscal super-expansiva (y monetaria de acomodación), ligada al hecho que existían elecciones, que no estuvieron acompañadas de aumento en la producción importante, la petrolera. Lo que queda es un precio alto del petróleo, crecimiento transitorio de los no-transables, una deuda alta y un control cambiario desfasado.
La estimación del nivel de deuda es difícil, por la transformación que ha realizado el gobierno a las instituciones venezolanas, sin embargo se pueden hacer estimaciones. El nivel podría haber llegado alrededor del 57 o 60 por ciento del PIB. En este sentido hay que recordar que existen dos criterios para "medir" la deuda: uno para los países desarrollados y otro para las economías medianas o emergentes.
Una razón deuda-PIB de 57-60 por ciento del PIB representa un valor "máximo" cuando se trata de países emergentes y ante la cual (como indica Rogoff) hay que actuar. La solución de este problema no está en un "shock" de crecimiento. La moderada recuperación que ocurrió en 2012 es el efecto de las políticas "socialistas" llevadas a cabo.
Se basaron en un esquema fiscal super-expansivo (con un déficit entre 15-19 por ciento del PIB dependiendo de cómo se mide), control cambiario y estatizaciones. Al mantenerse, especialmente el control cambiario, incrementó la deuda e hizo escasa la disponibilidad de divisas. Intentar una política de crecimiento en estas circunstancias sería absurdo, sería prolongar más la actual situación.
Al contrario, la devaluación del tipo de cambio controlado, claramente apreciado y fomentador de las importaciones, acompañado de una política fiscal medianamente restrictiva podría ser el comienzo de una solución. Se atacaría el problema en su doble dimensión, la fiscal y la cambiaria. Este es el tipo de medida que se necesita. Sin embargo, ¿actuará el gobierno en este sentido?


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