Este artículo ha sido escrito, por razones de Tal Cual, antes de las elecciones del domingo 7 de octubre. Lo que sucedió ese día, no lo sabía cuando lo escribí.
Pasé muchos años activo en política militante; participé en muchas campañas en cuatro candidaturas presidenciales fui miembro de los respectivos comandos de campaña, estuve y presencié muchas grandes movilizaciones electorales.
Puedo decir que nunca vi un candidato que le pusiera tanto esfuerzo, dedicación, entusiasmo y coraje a su campaña como Capriles Radonski.
En circunstancias sumamente adversas, con un enemigo enfrente arbitrario y totalitario, controlando y utilizando todos los poderes del Estado, con PDVSA al servicio de la campaña oficialista, con un Consejo Electoral que permitía descaradamente el ventajismo del adversario en el uso comunicacional. Capriles tuvo que remontar la cuesta de luchar contra el establecimiento ventajista y sus comportamientos antidemocráticos. Los dueños del poder no vacilaron en usar la violencia, o por lo menos cohonestarla. Así, en barrios caraqueños y de otras ciudades, bandas armadas realizaban acciones violentas para que Henrique no pudiera visitar tales zonas reservadas al chavismo; en Barinas, donde manda la familia Chávez, tres activistas de la campaña de Capriles fueron brutalmente asesinados.
Con impunidad actuaban los círculos mal llamados "bolivarianos" que Henrique debió enfrentar. Fue la campaña de un valiente.
Tampoco había visto una movilización tan grande la mayoría gente espontánea, esa oceánica presencia de la multitud, como en la manifestación y acto de cierre de campaña en Caracas el 30 de septiembre. Capriles ha logrado convertirse en un gran líder nacional.
Candidatos presidenciales ha habido muchos.
Oradores brillantes como Jóvito Villalba, Rafael Caldera y Teodoro Petkoff.
Conocedores profundos del país como Rómulo Betancourt y Carlos Andrés Pérez.
Cultos como Úslar Pietri, Herrera Campins y Teodoro Petkoff. Es evidente que al principio Capriles no calzaba los guantes de estas figuras. Sin embargo, aprendió a comunicarse con la gente, a lograr una relación positiva entre el joven líder y el auditorio que lo escuchaba. Ya conoce el país como pocos, casa por casa, pueblo a pueblo fue su campaña nacional. En algo aventaja Capriles a estos prohombres de la política nacional, su experiencia de gobierno. Fue presidente de la Cámara de Diputados cuando en Venezuela había un verdadero Poder Legislativo, fue alcalde de una importante comunidad con repetición de mandato, fue gobernador de uno de los estados más importantes. Capriles Radonski ha hecho una campaña admirable, titánica, que indudablemente lo ha convertido en un verdadero líder nacional. Independientemente de lo sucedido este domingo anterior, Capriles es un hombre en ascenso, con mucho respaldo popular; el otro, el charlatán de Miraflores, ya es un líder en retroceso, gastado, fracasado. Hay Capriles para el compromiso, demostró condiciones para acompañar al país que enfrenta la farsa "revolucionaria" del chavismo, también para reconciliar a los venezolanos por encima del odio que durante años alimentó Hugo Chávez. Capriles Radonski, desde el gobierno o desde la oposición, es un factor de unidad de los venezolanos.


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