LUIS PEDRO ESPAÑA N.
De aquí al próximo 7 de octubre no habrá tema de la agenda nacional que no tenga que ver con las elecciones. Podrá haber muchos otros asuntos, pero ninguno acaparará la atención como el tratar de dilucidar cómo va y qué ocurrirá en las próximas semanas.
Por donde usted se meta, la pregunta es siempre la misma: ¿cómo ven la cosa? No puede ser de otro modo, la vida económica y social de nuestro país petrolero depende de forma superlativa de lo que pase con el Estado y sus políticas públicas. Es por ello que el pulso electoral resulta demasiado importante. En razón de lo anterior, a continuación un aporte sobre lo que podemos leer de este primer mes y tanto de campaña.
El giro de la campaña
Por primera vez en 13 años la oposición logra hilvanar un discurso social desde el cual disputarle el monopolio que sobre el tema tenía el Gobierno. Por primera vez, la oposición se atreve a proponer una agenda social diferente a las misiones sociales, aunque sin plantear su eliminación. La estrategia de apoyarlas (Ley de Misiones) para después mostrar una oferta social superior ha sido exitosa. Esta incorporación de lo social en el debate electoral ha significado un antes y un después.
Luego de la Presentación de los Cinco Compromisos Sociales de Henrique Capriles Radonski, el Gobierno se quedó patinando en el pantano de tratar de desmentir las aseveraciones del candidato sobre el tema de la pobreza.
Como en la fábula del Rey Desnudo, la oposición logró plantear con credibilidad que en el país de la revolución bolivariana "sí hay pobreza". El hecho político de esto no es que exista pobreza y que alguien se atrevió a decirlo, sino que el país se creyó que existiera o que ella es un problema mayúsculo. Haber posicionado el tema, políticamente hablando (no técnicamente, obviamente, sí la hay y en todos estos años también la ha habido), es un signo de liderazgo y credibilidad que en todos estos años nunca había ocurrido.
La respuesta gubernamental resultó torpe. Tratan de refugiarse en las cuentas técnicas cuando en verdad la denuncia o el reclamo es, como hemos dicho, un tema de posicionamiento político basado en el cuestionamiento a la gestión gubernamental y la credibilidad de un liderazgo emergente. A partir de este momento el candidato del gobierno ha perdido la iniciativa y su campaña se ha convertido en otra que nunca habíamos visto, ha pasado de la iniciativa a la reacción.
Un candidato con carisma
El gran atributo del Presidente de la República, a lo largo de todos estos años, ha sido su carisma y liderazgo. Al principio, se le señaló como un "gran comunicador" cuando en verdad de lo que se trataba era de un "gran líder". Ante este hecho, y tras cada derrota de la oposición (entre 1998 y 2006 se perdieron cuatro elecciones seguidas, con una diferencia de más de 10 puntos), estos resultados se atribuían a la falta de carisma por parte de sus adversarios.
Los recorridos que realiza Henrique Capriles, primero con la estrategia de "casa por casa" y después de las primarias de la oposición, con el "pueblo a pueblo", comenzaron a mostrar a un candidato que levanta emociones. Hemos escuchado a varios dirigentes que han acompañado al candidato asemejarlo a un rockstar de la política.
Mucha juventud, mucho entusiasmo, sin duda despierta pasiones entre esa Venezuela joven, aspiracional y que ansía el progreso. Si logra conquistar también el corazón de la Venezuela adulta, esa que siente que le fue arrebatado el futuro por aquellos que el actual gobierno prometió castigar, estaremos en presencia de una candidatura capaz de ganar y hasta con cierta comodidad.
El dilema gubernamental
Partimos del principio de que el Gobierno, hasta ahora, no cree que su victoria pueda estar comprometida. Es posible que el Gobierno y su Presidente nunca se terminen de creer que puedan perder. Eso puede ser una ventaja para la oposición, pero también refleja que el Gobierno tiene sus cartas. ¿Cuáles son?
Si bien le han bajado el volumen a la campaña del "ya gané", el Gobierno necesita mostrar en todo momento que es mayoría. Más allá de la desmoralización que con ello se pretende, lo más importante de ese mensaje es su vinculación con otros dos mensajes que están sobreentendidos y que activados con mayor fuerza tenderán a elevar los costos de aquellos votantes que están por cambiar sus preferencias.
Un gobierno que dice premiar a sus seguidores y castigar a sus opositores, por medio de la administración de sus prebendas según las lealtades políticas, es la forma de amedrentar el trasvase de votos del oficialismo a la oposición. Resulta un simple chantaje, que pretende hacer creer que puede concretarse si efectivamente gana. La derrota menos dolorosa ocurre si no te opones (abstente para no ser castigado si no te gusta el gobierno). Ese parece ser el mensaje para todos los que están dudando.
Pero la pieza crucial de la estrategia, o al menos una de ellas, es sembrar la duda sobre el secreto del voto. La amenaza castigadora se puede concretar solamente si el Gobierno se entera por quién vota la gente.
Sin embargo, esta no es la única estrategia. Las promesas, aunque pueda parecer insólito, siguen siendo el principal mensaje que tiene el Presidente. Las misiones (ahora con el tema de la vivienda a la cabeza), la promesa de mayor eficiencia, el ataque a la oposición por clasista y odiar al pueblo, así como seguir mostrándose como el verdadero intérprete de las aspiraciones populares, van a ser las propuestas de un presidente al que, como decíamos, no le pasa por la cabeza que pueda perder.
Próximos a llegar a la mitad de la campaña, es de esperar que el Gobierno lance algunas nuevas sorpresas. No puede, o no debería, mantenerse estático con lo que hasta ahora ha mostrado. Es de esperar que trate de darle un giro a su propia propuesta. A estas alturas, y solo si los números en las encuestas comienzan a serle adversos, un viraje extremo de moderación puede ser la sorpresa para detener la avanzada del candidato opositor. Pero es muy arriesgado, podría suponer su derrumbe definitivo si semejante cambio es leído como deshonesto y electoralmente interesado.
En suma, es probable que el Gobierno necesite de nuevas estrategias que están por definirse. Estas apuntarán hacia el lado moderado. Insistir más en ello puede que lo desfigure tanto que pierda a sus seguidores más duros. Hasta ahora, no lo ha hecho, cree que le bastan los guiños moderados para conquistar o mantener a un electorado que cuestiona su lealtad gubernamental sin terminar de "saltar la talanquera".
Esos gestos moderados tratan de no perturbar a sus radicales. Le son necesarios, pero no sin cierta urgencia también lo son esos que llaman indecisos, confundidos o clase media. El dilema gubernamental aún no tiene salida, en ella se le puede ir la reelección.
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