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viernes, 1 de junio de 2012

Un caballo mordiéndose la cola


Tal Cual

Las secuelas de la crisis de La Planta andan por ahí vivitas y coleando, y en cualquier momento renacerá el espanto. La opinión pública se solaza en los rumores sobre la enfermedad presidencial, sin atender otras enfermedades

SEBASTIÁN DE LA NUEZ

Existe una persona libre de toda sospecha en este país, alguien entregado a una causa con la fe de quienes aguardan eternamente a las puertas de la Utopía, con mayúscula. A esta persona la mueve algo telúrico que no conoce de nombres ni de prontuarios.

Puede que te la encuentres en una multitud y pasará inadvertida; sin embargo, quizás sea la persona más cercana a Dios que te hayas encontrado nunca. Pues bien: me ha contado que vio en Yare 1, separados por una reja Alfajol y en amena charla, a un guardia nacional y a un reo. Este última andaba con un arma larga terciada en bandolera. Un arma larga, a plena luz del día, conversando con un guardia nacional en un penal de máxima seguridad. Dice que pensó por un momento en sacar su móvil para tomar una foto, pero se guardó muy bien de hacerlo ante el temor a las consecuencias que ello podría acarrearle.

Esa imagen, el GN conversando con un reo armado, es el régimen de Hugo Chávez Frías: ilustra la actualidad venezolana y lo demás es desierto.

En La guerra del fin del mundo, en algún momento Mario Vargas Llosa pinta la escena de un caballo desesperado tratando de morder su propia cola. Según lo recuerdo, para mí representaba la guerra de Canudos, aunque puede que si releyera la historia ahora me revelaría otro significado o a lo mejor ninguno en absoluto. Esas cosas dependen del contexto que el lector maneje en cada caso, es decir, lo que concluya de lo que va leyendo más los significantes que extraiga en relación a su propio andamiaje personal.

ENTRE PANAS 

El problema de La Planta lo resolvió en buena medida Diosdado Cabello, quizás el hombre del Gobierno más cercano a estos asuntos. Al parecer, una parte de los directivos del penal, es decir, los pranes, debían cien mil bolívares por concepto de armas a miembros de la GN. Eso era uno de los puntos clave de la negociación. Pagaron con armas, al menos en parte. Esa gente estaba en el pabellón de los talleres, el más poderoso y con los reos, digamos, mejor instruidos. Fueron trasladados en cambote a Yare 1.

El Chingo no. El Chingo, que estaba en el pabellón 1, fue a parar a San Juan, Penitenciaria General de Venezuela, donde pudo reencontrarse con su compañero de antiguos delitos El Yoifri, quien anteriormente estaba con Oriente en El Rodeo. Quizás fue una concesión especial para El Chingo.

Hay ciento dieciocho desaparecidos desde que ocurrió lo que ocurrió en La Planta. Es decir, hay 118 familias venezolanas que no saben dónde están sus hijos o hermanos o esposos.

La ministra de las cárceles dice que no quiere publicar un listado para no crear alarma. Hasta el día de hoy no se sabe si hubo o no muertos dentro del penal.

Los últimos que quedaron en La Planta, el remanente de privados de libertad que no salió con los demás por ser los más pobres o desamparados, tuvo el privilegio de contar, sin embargo, con algunas horas para buscar a sus anchas las caletas que los que se habían ido dejaron atrás. Rompieron paredes. Encontraron dinero en efectivo y armas a montones. Había tanto acumulado que no pudieron llevarse todo. Alguien dice que llegaron a quemar dinero que no pudieron introducir en sus bártulos. Para no dejarle nada a la autoridad.

Ahora El Universal está sacando una serie de trabajos interesantísima sobre la cárcel de Tocorón.

Pero lo que ocupa la atención de la opinión pública son las encuestas. A la gente no le interesa gran cosa lo que suceda tras las rejas.

Interesa la enfermedad del Presidente. Y al Presidente le interesa publicar páginas completas en algunos periódicos para cacarear que ha llegado a su seguidor número 3 millones en Twitter. Esas páginas cuestan 20 mil bolívares, aproximadamente, cada una.

¿Acaso no es todo esto como un caballo tratando desesperadamente de morderse la cola?

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