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sábado, 19 de mayo de 2012
Un saludo apresurado
Rafael Cadenas - Tal Cual
Los amigos de Pompeyo Márquez celebraron su cumpleaños en estos días. Fue una reunión para festejar una vida dedicada a la lucha por darle a este país una democracia superior.
En este empeño ha sido infatigable durante todos los gobiernos, y lo que me parece principal por lo aleccionador, sobre todo en este tiempo, es que ha combatido sin odio. Demuestra así que es posible luchar despejadamente, sin semejante tósigo; lo que aquí puede parecer una rareza, pero es propio de toda sociedad civilizada.
Muchos años lleva Pompeyo y los lleva bien. Su vitalidad en pleno "arrabal de senectud" seguramente se la debe al Tao, pero también a su capacidad de renovación. Él dista mucho de quienes declaran con orgullo que en su vejez piensan como lo hacían en la adolescencia, sin percatarse de que simplemente se han anquilosado. Son los que tachan de traición cualquier ruptura cuando son ellos los que le dieron la espalda al fluir vital. Pompeyo es móvil, repiensa, cambia, rectifica, revisa, sin perder la vía esencial. Por eso comprendió a tiempo, junto a Teodoro, que sin libertad no existe justicia, y aquella ha sido el escollo infranqueable donde se estrella la utopía marxista. Hasta donde alcanzo, no hay un solo ejemplo de sociedad en que marxismo y libertad hayan dejado de ser incompatibles. Los regímenes comunistas más parecen monarquías absolutas, y aun aquí hay amagos en esa dirección.
El haber constatado ese antagonismo insoluble condujo a Pompeyo, a Teodoro y muchos otros ex miembros o no del PC, a dar un paso histórico: crear un partido que fue liberador para miles de hombres y mujeres que pudieron quitarse el velo de la ideología y aprender a ver sin intermediaciones o usándolas sin absolutizarlas.
Estas líneas quieren alargarse más, pero su autor no las deja por falta de tiempo.
Deberá limitarse, contraviniendo su deseo, a enviarle un saludo a ese ser humano magnífico que las ha motivado y darle las gracias por cuanto ha hecho en bien de todos los que habitamos en esta tierra.
Esta vez no vi a Pompeyo, pero me llevo su fulgor.
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