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miércoles, 16 de mayo de 2012

Gobiernos, Derechos Humanos y Soberanía


OSWALDO BARRETO - Tal Cual

Es posible que cada una de esas entidades (palabras y cosas) haya estado en la conciencia de cada uno de nosotros desde tiempos que ya ni recordamos.

Pero bajo la forma de ecuaciones que las relacionaran entre sí a todas ellas, quizás nunca las habíamos encontrado. Por lo menos de manera tan evidente y al mismo tiempo tan cargada de angustia con que nos las presentan todos los medios y redes en estos ya ardientes días de mayo: "el gobierno plantea la salida de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH)".

Pero, a pesar de lo intempestiva que nos pueda parecer la voluntad soberana de este gobierno de salirse de la Comisión que se ocupa de los derechos humanos en el hemisferio americano, nadie se inhibe de opinar sobre ello. Por el contrario, ya transformamos el asunto en un nuevo sendero hacia la polarización y nos ubicamos rápida y cómodamente en una de estas dos distintas legiones: los que apoyan la salida del gobierno de la CIDH y los que impugnan tal medida. Y de todas partes brota ese género de argumentos con los que se construyen las posiciones enfrentadas: razones para abandonar la CIDH o para permanecer en ella; eventuales escenarios políticos que aparecerán como consecuencia de la resolución tomada.

Estamos, pues, cabalmente conscientes de la situación en que se encuentra el gobierno, según declaración manifiesta del propio Presidente de la República, de decidir prontamente sobre la necesidad de salirse de la CIDH. Pero cuando ya han pasado más de diez días que esta cuestión nos conmueve y luego de haber leído o escuchado atentamente argumentos y reflexiones de uno y otro bando, creo discernir que los verdaderos desacuerdos no están entre los que quieren irse de la CIDH y los que quieren quedarse, sino entre lo que sus argumentos y reflexiones dicen de lo que es la CIDH, de las posibilidades que tiene el gobierno de salirse de ella y de lo que podría ganar o perder el gobierno, el Estado y la nación con la resolución tomada.

EL FALSO FANTASMA DE LA CIDH 

Esa terrible figura que parece asustar tanto a Hugo Chávez y que con la intención de abandonarla este quisiera también amedrentarnos, no es otra cosa que uno de los múltiples pilares sobre los que se ha ido construyendo la actual civilización occidental.

"Creada por la OEA en 1959 y en forma conjunta con la Corte Interamericana de Derechos Humanos (designada en ocasiones con la misma sigla CIDH o también como Corte IDH), es una institución del Sistema Interamericano de Protección a los Derechos Humanos (SIDH). Sistema que se inició formalmente con la aprobación de la Declaración americana de los derechos y deberes del hombre en la Novena Conferencia Interamericana, celebrada en Bogotá. La Comisión, como órgano principal de la OEA, tiene como función PROMOVER LA OBSERVANCIA Y LA DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS Y SERVIR DE ÓRGANO CONSULTIVO DE LA OEA EN DICHA MATERIA (Wikipedia y otros sitios de Internet, al igual que lo que aparezca entre comillas sin referencia específica).

La CIDH tiene como función informar sobre la observancia y defensa de los derechos humanos en todos los países que constituyeron la OEA. Y eso es lo que ha venido haciendo, ajustándose con rigor a los distintos tiempos y lugares. "Ya en 1961, la CIDH comenzó a realizar visitas in loco. Y desde entonces ha realizado 92 visitas a 23 países".

Producto de estas visitas o de las informaciones obtenidas por otros medios, la Comisión ha elaborado Informes anuales, desde entonces hasta el 2011. Se ha ocupado de la situación de los derechos humanos en países del Sur, del Centro y Norte de América y del Caribe y las Antillas. En 7 ocasiones se ha ocupado de Cuba, en otra 7 de Haití, de Chile en 1976, 77, 86 (época de Pinochet). Se ocupó también de Perú cuando mandaba Fujimori y de Argentina cuando mandaba Videla.

Ocuparse para la Comisión significa informarse e informar lo que ocurre con los derechos de los individuos, de los grupos humanos, particularmente aquellos que suelen ser discriminados como minorías o por razones políticas, religiosas o de cualquier otro orden. El primer destinatario de esos informes, como se deja ver claramente por la estructura de los mismos y por declaración explícita de quienes los elaboran no es otro que el gobierno del país observado y estudiado.

La CIDH observa e informa, de oficio. Por su propia voluntad y por su cuenta. No pide permiso al gobierno del Estado o Nación que investiga.

Esto quedó perfectamente claro con lo que ocurriera con el Informe del 2007: "El 21 de noviembre de 2007 la Comisión envió al Gobierno de Cuba (el presente) informe para sus observaciones. El 10 de diciembre de 2007, la Comisión recibió una nota suscrita por el Jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington DC (sede de quien funge como representante de Cuba para los intercambios diplomáticos con los países de la OEA, organismo que, como se sabe, expulsó a Cuba de su seno el 1º enero de 1962), en la cual se expresaba que LA CIDH no tiene competencia, ni la OEA autoridad moral para analizar este o ningún otro tema sobre Cuba. Cuba es un Estado parte de la Organización de Estados Americanos (OEA) desde el 16 de julio de 1952, fecha en que ratificó su ingreso a la OEA. La Comisión ha sostenido que el Estado cubano es responsable jurídico ante la Comisión Interamericana en lo concerniente a los derechos humanos, puesto que es parte de los instrumentos internacionales que se establecieron inicialmente en el ámbito del Hemisferio americano, a fin de proteger los derechos humanos y porque la resolución (de expulsión de la OEA) excluyó al gobierno de Cuba y no al Estado. La CIDH siempre ha considerado que el propósito de la OEA de excluir a Cuba del sistema interamericano no fue dejar sin protección al pueblo cubano. La exclusión de este Gobierno del sistema regional no implica en modo alguno que pueda dejar de cumplir con sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos".

La CIDH, en conclusión, no depende de la voluntad de ningún gobierno para cumplir sus funciones. Y con esta posición, este organismo ha levantado informes críticos sobre la situación de Estados Unidos (que nunca se ha considerado sujeto de la CIDH) o de Fujimori, a pesar de que este había decidido que Perú no fuera más sujeto ni objeto de la CIDH.

Observar, analizar e informar en el debido tiempo y con toda transparencia, tal es la función de la CIDH. ¿Qué puede significar, entonces, salirse de la CIDH? ¿Es soberana la voluntad de un Jefe de Estado para decidir sobre esta salida? ¿Cuál es, entonces, la efectividad de la CIDH? Y cuáles son los verdaderos propósitos del Gobierno al pretender realizar lo imposible. Asunto de otras Coordenadas.

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