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lunes, 21 de mayo de 2012
Capriles y el otro
VÍCTOR RODRÍGUEZ COA - El Nacional
Henrique Capriles Radonski es el candidato de la unidad de las fuerzas democráticas venezolanas. Quiere ser presidente por primera vez y cree en la alternabilidad y en una sola reelección. Se preocupa por los problemas nacionales y quiere ocuparse de ellos.
El otro es el candidato del Gobierno y del comunismo tutelado por Fidel Castro. Lleva 14 años en la Presidencia. El país se le cae encima, pero quiere seguir en el cargo. Cree que es vitalicio.
Capriles es el futuro, es la patria nueva, es la esperanza, el progreso, la seguridad, el empleo de calidad, la sociedad moderna, la tolerancia, la amplitud, la libertad, la educación, la paz, la inclusión, la gerencia. El otro es el pasado, el atraso, el desempleo, la pobreza, la intolerancia, el sectarismo, el nepotismo, la alcabala, la falta de respeto al adversario, la inseguridad. El modelo cubano.
Capriles aspira a la Presidencia con su experiencia como presidente de la Cámara de Diputados, dos veces alcalde de Baruta y gobernador de Miranda. El otro llegó a Miraflores con su cursillo de golpista y su única experiencia como administrador fue cuando tuvo a su cargo la cantina de la Academia Militar. Destruyó la economía, la producción, el empleo.Henrique es respetuoso de la independencia de los poderes públicos. Y la justicia debe ser igual para todos. El otro controla al resto de los poderes y les impone sus decisiones y directrices, cual tiranuelo tercermundista y bananero. Y es el dueño de la justicia.
HCR es amigo de la participación, de una sociedad de emprendedores y defiende la propiedad individual y la presencia de empresarios en la generación de empleos y riquezas. Para el otro es más importante que el Estado y el Gobierno determinen y regulen la vida de los ciudadanos hasta en los detalles cotidianos. No cree en la propiedad privada ni en la inversión extranjera.
Capriles defiende la libertad de expresión como uno de los pilares del ejercicio diario de la democracia. Y es campeón en la defensa de los derechos humanos. Para el otro la libertad de expresión no sirve si se critica al Gobierno y a sus funcionarios.
Y ni hablar de derechos humanos. En eso está raspado por los organismos internacionales.
Henrique cree en la descentralización, en la autonomía financiera y administrativa de las regiones.
El otro es centralista y concentra todo el poder en sus manos para él y los suyos.
Para Capriles las misiones deben ser para todos por igual. Para el otro las misiones sólo beneficiarán a los de franela roja rojita.
El lenguaje de Henrique es de respeto y consideración, de altura. Es todo oídos. Habla poco y hace mucho. El otro insulta. Habla hasta por los codos.
No oye a nadie y hace poco. Se encadena para que no haya posibilidad de oír a los demás. No pudo con la inseguridad, ni con los servicios públicos, ni con el mantenimiento vial, ni con la inflación.
Ni con la mortandad en las cárceles.
Capriles es unidad, reencuentro, reconciliación y cree en un país multicolor. El otro divide, incita al odio, estimula la violencia, llama a la confrontación. Henrique es un hombre de diálogo, serio, transparente, directo, franco. El otro es farsante, mentiroso, manipulador, irresponsable, incompetente y cultiva el monólogo.
Capriles quiere una Venezuela plural, democrática, que respete las diferencias. El otro cree en el partido único, un régimen militarista con sistema y lenguaje cuartelarios, donde no se discutan las diferencias. Henrique hace campaña casa por casa.
Camina por todos los rincones del país. Habla con la gente. El otro no puede caminar. Su campaña es por TV con largas cadenas que ya fastidian hasta a sus propios partidarios.
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