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jueves, 15 de diciembre de 2011

Los verdaderos presos políticos

LIBREMENTE - Tal Cual

Es bien probable que la condición de preso no esté circunscrita específicamente a permanecer encerrado, desterrado de la bondad del sol o ausente de los bochinches sustanciosos de las ciudades. Hay un tipo de prisión que imagino ­en mis ratos de lucidez, que también los tengo­ como un enorme garabato de madera, de aquellos que le ponen en el pescuezo a los chivos y cabras imprudentes para someterlos a las directrices del pastor, anulando sus deseos de andar por su cuenta y riesgo metiéndose por veredas no autorizadas. Se puede vivir aparentemente en libertad, porque se tiene la posibilidad de ir y venir disfrutando del entorno mundano. En ese caso usted se verá de lejos muy fresco, con gran autonomía y desenvolvimiento.

Lo maluco es que nadie ­por muy adivino que sea­ llegará a sospechar que a pesar de esa fachada, lo que lleva por dentro es un calabozo infernal en el que se arrastra su conciencia en el fango de la desdicha y los remordimientos. Que cuántos verdaderos presos políticos tenemos.

Bueno, son muchos, tantos como cargos de compromiso y lealtad a ciegas ocupen, puesto que son incapaces de actuar en función de criterios propios o con base en las leyes que deberían defender; se trastocan en esclavos, serviles incondicionales a mandatos y disposiciones dictadas por el martillo del poder. Esos sí están prisioneros de verdad entre las rejas de la cobardía política, arrastrando su garabato de indignidad para vergüenza de amigos y familiares; repetidores de juicios y consignas que pocas veces entienden, sólo para complacer al imponedor y mantenerse a flote. La apuesta es quién imita mejor al mandamás y es capaz de presentir sus deseos para hacerlos efectivos de inmediato. Entre este tipo de prisioneros se cuentan jueces, fiscales, diputados, jefes militares, gobernadores, alcaldes, concejales, ministros y similares, que también merecen que hagamos campañas y movilizaciones para liberarlos. ¡Pobrecitos!. Los otros están en las sombras, alejados de sus familias, atropellados en sus derechos ciudadanos, pero libres de conciencia y orgullosos de no portar el incómodo aparato que pretende colocarles el pastor, para llevarlos mansitos por donde le convenga.

MÉLIDO ESTABA ROJAS
melidoestaba@gmail.com

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