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viernes, 4 de febrero de 2011

El “Por Ahora” del 4 de febrero de 1992: Con ciento sesenta y nueve palabras Chávez le cambió el rumbo a Venezuela

LG- el siglo

A decir del profesor Manuel Bermúdez: “El manejo del lenguaje por parte del insurgente, su aplomo para aceptar el fracaso de la intentona y llamar a la calma, mostraron en pantalla el rostro no de un derrotado, sino el de alguien que en ese momento adverso estaba claro sobre el camino a seguir para lograr los objetivos

Más allá de la efectividad del golpe de estado intentado el 4 de febrero de 1992, con frentes de lucha en distintas ciudades del país, lo más importante y significativo de ese día fue el mensaje transmitido al país por Hugo Chávez Frías desde una estación de televisión, donde inteligentemente llamó a sus seguidores a deponer las acciones “por ahora”, dejando claro que todo era cuestión de tiempo para poder -a su juicio- enrumbar a Venezuela hacia un destino mejor.

El análisis del mensaje habla en primer término de una medida necesaria para evitar un mayor derramamiento de sangre en los sitios donde los insurgentes enfrentaban a las fuerzas leales al presidente Carlos Andrés Pérez, pero el manejo del lenguaje por parte de Chávez, su aplomo para aceptar el fracaso de la intentona y llamar a la calma, mostraron en pantalla el rostro no de un derrotado, sino el de alguien que en ese momento adverso estaba claro sobre el camino a seguir para lograr los objetivos.

UN MENSAJE BREVE PERO CONTUNDENTE

Definitivamente, la contundencia del breve mensaje, sembró a Chávez en el corazón de un pueblo agobiado por décadas de corrupción y aplastado por un sistema económico diseñado para el solo beneficio de una minoría, a la cual sostenían las armas de un ejército ganado para defender los intereses de la oligarquía gobernante amparada en la llamada democracia representativa.

El breve -30 segundos- pero efectivo mensaje de rendición de Chávez, a decir del profesor Manuel Bermúdez, produjo en todo el país una onda de admiración, enarbolando con él una bandera de esperanza.

La parte medular del mensaje, con ese “por ahora”, habló de un tiempo aproximado, dejando abiertas posibilidades del logro de metas en un futuro no lejano para un pueblo tradicionalmente engañado con discursos demagógicos e insinceros.

PEQUEÑA HISTORIA DEL GOLPE

A las 11 de la mañana del 4 de febrero de 1992 el país comenzó a enterarse de la sublevación de comandos militares de manera simultánea en Caracas, Maracaibo, Valencia y Maracay. En la capital zuliana correspondió a Francisco Arias Cárdenas apoderarse de la sede del gobierno regional, tomando como prisionero al gobernador de la entidad, Oswaldo Alvarez Paz.

Por su parte el teniente coronel Hugo Chávez se encargó de dirigir las operaciones en Caracas desde el museo histórico militar de La Planicie, en la urbanización 23 de Enero, coordinando desde allí a otros grupos asignados a la toma del Palacio de Miraflores, la estación Venezolana de Televisión y la residencia presidencial de La Casona.

Sin embargo, los planes no se dieron de acuerdo a lo previsto, y Chávez se vio obligado a presentarse ante las cámaras de televisión para admitir su responsabilidad como comandante de la intentona y a la vez anunciar la rendición. Luego de dar los buenos días a todo el pueblo de Venezuela, dijo que se trataba de un mensaje bolivariano dirigido muy especialmente a los valientes soldados que se encontraban en el Regimiento de Paracaidistas de Aragua y en la Brigada Blindada de Valencia.

UN FAMOSO “POR AHORA”

“...Compañeros -dijo Chávez Frías- Lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital. Es decir, nosotros , acá en Caracas, no logramos controlar el poder. Ustedes lo hicieron muy bien por allá, pero ya es tiempo de reflexionar y vendrán nuevas situaciones y el país tiene que enrumbarse definitivamente hacia un destino mejor...”.

El ya mencionado análisis de Manuel Bermúdez sobre el mensaje, añade: “El comandante Chávez, como hablante, ocupó un espacio y un tiempo muy especiales. Con el uniforme de paracaidista, y la postura firme que mantuvo en medio del vicealmirante Daniels y de los otros altos oficiales de las Fuerzas Armadas, no parecía derrotado, sino vencedor...”.

Las palabras de Chávez surtieron un efecto inmediato, los combatientes de Valencia y Maracay se rindieron, mientras que a él y a los oficiales de más alto rango vinculados a la insurrección, se les llevó como prisioneros al cuartel San Carlos, para trasladarlos posteriormente a la cárcel de Yare, en el estado Miranda, donde Chávez escribió su premonitorio “Cómo salir del laberinto”.

CALDERA DIO UNA SORPRESA EN EL CONGRESO

El 5 de febrero, bajo un ambiente de menos tensión, las cifras oficiales del Ministerio de la Defensa hablaron de 14 muertos y 53 heridos; en tanto que estimaciones extraoficiales mencionaron un saldo de 50 muertos y más de 100 heridos. Ese mismo día hubo en el Congreso Nacional una sesión extraordinaria para debatir la posibilidad de suspender las garantías constitucionales.

Sin embargo, las fracciones parlamentarias acordaron no debatir sobre este asunto, sino más bien emitir un comunicado de condena al intento de golpe. Fue entonces cuando el senador vitalicio sorprendió a todos con un polémico discurso en el que desechó la tesis del magnicidio como motivo de la insurrección, asegurando que el movimiento tenía como causas la profunda crisis de la democracia venezolana y sus instituciones.

El discurso de Caldera constituyó todo un suceso político que le catapultó hacia una victoria en las elecciones presidenciales de diciembre de 1993, no obstante carecer del apoyo de un partido mayoritario, sino más bien el de varias organizaciones políticas de menor rango a las que el mismo englobó bajo la denominación de “el chiripero”.

Varias semanas después de la intentona el Tribunal Militar II de Primera Instancia Permanente de Caracas anunció que había 133 oficiales y 967 soldados sometidos a investigación. Con el tiempo, las causas de muchos de los militares presos fueron sobreseídas; otros fueron dados de baja, y otros indultados por el presidente Caldera en 1994 bajo la condición de que debían solicitar su retiro de las Fuerzas Armadas, tal como sucedió con los oficiales que dirigieron la operación.

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