Efecto Cocuyo / Especial
Una de las mujeres habla por teléfono y dice que “la movilización” se cayó y que “mal hecho, pero qué se hace ante la apatía”. Falta poco para que inicie un recorrido que parte cada veinte minutos, en la unidad que ese chofer conduce hace apenas un mes: “A las 10:50 salgo. Estemos los que estemos”.
En menos de diez minutos ya empieza a verse la bandera de Venezuela que ondea sobre un monumento, en un número y una letra: 4F. El chofer se detiene al frente de un altar que es parada obligada para los visitantes. Allí hasta se persignan, al frente de fotos y cuadres del exmandatario venezolano, como si se tratara de una deidad.
Tres mujeres van cantando el “cumpleaños feliz” mientras transitan el camino empinado que conduce a esa gran estructura, similar a un castillo. Comentan el homenaje de la noche anterior, que fue transmitido por VTV: “¿Vieron qué bonito quedó todo? Qué bello cómo le cantaron”, dice una, cuando ya casi van llegando a la pequeña fila que se forma en la entrada, con gente que espera luz verde para entrar.
Las mujeres hablan del homenaje que el alto Gobierno le hizo a Chávez, fallecido ya hace dos años, con una serenata entonada por Sandino Primera, un festival de fuegos artificiales que retumbó en toda Caracas y con una torta de más de dos metros para festejarle el natalicio, distinta a la que le ofrecieron el año pasado en Barinas, su tierra natal, decorada con una laguna, garzas, cocodrilos y vacas sobre un potrero comestible.
Besos en el sarcófago
Durante el mediodía de este martes, dos actividades se celebran al mismo tiempo en el Cuartel de la Montaña. En los espacios abiertos, una feria con stands de libros, artesanía, franelas estampadas con la firma del difunto presidente y hasta tatuadores para plasmarla en la piel, entretienen a los presentes. Hay, incluso, un espacio reservado para el tradicional juego de “chapita”, uno de los preferidos de Chávez. En esa esquina, personal del Ministerio del Deporte y de la Asamblea Nacional pasan el rato mientras batean chapas con palos de escoba. Parece una reunión familiar.
Del otro lado, en el salón donde están los restos de Chávez, algunos diputados, ex ministros y amigos, le rinden honores, sin el presidente Nicolás Maduro, quien tuvo que viajar a Nueva York para reunirse con el secretario general de la ONU.
Elvis Amoroso, Tania Díaz, Blanca Eekhout, Freddy Bernal, Oswaldo Vera, José Vicente Rangel Ávalos, Cristobal Jiménez y Ana Elisa Osorio son las caras visibles. Todos con chaquetas tricolor. Son comandados por el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, quien toma el micrófono con una mano y, con la otra, abraza a su hija Daniella. Esta vez, la joven no cantó, como suele hacerlo en actos públicos.
A la 1:00 pm, las palabras de Cabello y las del periodista y ex vicepresidente de la República, José Vicente Rangel, anteceden a la ronda que darán las personalidades sobre el sarcófago, para dar fin a esa actividad. Se inclinan, lo besan y encima le dejan una rosa roja.
Más tarde y por segundo día consecutivo, otra torta y otro “cumpleaños feliz” en la voz de Jiménez, que en vida siempre le cantó al exmandatario, con arpa cuatro y maracas. Asdrúbal y Argenis, hermanos de Chávez, cantan junto a las hijas, María Gabriela, Rosa Virginia y Rosinés, encargadas de encender unas velas que irradian chispas y que deciden apagarse solas, antes de terminar la tonada.
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