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viernes, 19 de diciembre de 2014

Pidiendo cacao a Obama

Tal Cual

Por simple curiosidad ¿quién asesora a Diosdado Cabello? El presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela le canta las cuarenta al gobierno de Barack Obama en la página de opinión de The New York Times. La acción del número dos del chavismo, aunque loable, no le conquistará muchos amigos en Washington

MARIO SZICHMAN Nueva York/ Especial para Tal Cual

El presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Diosdado Cabello, publicó en la página de opinión del periódico The New York Times un ensayo con el título de “Hectoring Venezuela on Human Rights,” (sermoneando a Venezuela sobre derechos humanos), donde la cantó las cuarenta al gobierno del presidente de Estados Unidos Barack Obama.

En un inglés perfecto, Cabello le recordó al ejecutivo norteamericano que por los mismos días en que el Congreso de Estados Unidos aprobó un proyecto de ley para sancionar a miembros “del gobierno de mi país por presuntos abusos a los derechos humanos durante demostraciones” registradas hace algunos meses, “decenas de personas que denunciaban la brutalidad policial fueron arrestadas en las calles de Nueva York y en otras ciudades”.

Cabello consideró como una “desafortunada coincidencia” la convergencia de ambos episodios. Y continuó el líder del poder legislativo: “Mientras el Congreso acusó al gobierno de Venezuela de reprimir a los disidentes, comunidades afro-norteamericanas a través de Estados Unidos expresaron su indignación acerca del asesinato policial de hombres negros desarmados. Luego, en tanto legisladores en la Colina del Capitolio criticaron a funcionarios venezolanos por presuntas violaciones a las normas democráticas, un informe del Senado reveló el alcance de la tortura por parte de la Agencia Central de Inteligencia”.

Y al final de su ensayo, Cabello señala: “Nos preguntamos si el momento elegido para (implementar) esas sanciones no sería un intento por distraer a la opinión pública de la denuncia de violaciones a los derechos humanos por parte de funcionarios policiales de los Estados Unidos”.

Sabemos que el señor Cabello es un hombre muy culto, muy educado, y un devorador de libros. Pero es suficiente con que ingrese en este enlace: http://www.rense.com/general36/history.htm

Para que obtenga una lista exhaustiva de las acusaciones formuladas a lo largo de las décadas por muckrakers, los periodistas encargados de informar a la opinión pública sobre los pecados del gobierno norteamericano, o por científicos y legisladores.

La lista es casi infinita. Comienza ya en el siglo diecinueve cuando el ejército norteamericano se dedicó a regalar a los indios mantas contaminadas de viruela, y sigue durante buena parte del siglo veinte. Mientras los nazis hacían experimentos con seres humanos, algo similar ocurría en los Estados Unidos.

En esa ejemplar película titulada El juicio de Nuremberg, acusan a un médico nazi de someter a sus pacientes a horrendas torturas. Entonces, el abogado de la defensa lee un documento mencionando similares vejaciones en otros pacientes. El documento pertenece a los archivos de un prestigioso instituto médico norteamericano.

En 1931, el doctor Cornelius Rhoads, bajo los auspicios del Instituto Rockefeller para Investigaciones Médicas, infectó a seres humanos con células cancerosas. Luego, inició una serie de experimentos sometiendo a radiación atómica a soldados estadounidenses y a civiles internados en hospitales.

Está también el estudio de sífilis, en Tuskegee, iniciado en 1932. Doscientos negros diagnosticados con sífilis nunca fueron informados de su afección, se les negó tratamiento, y fueron usados como cobayos para analizar el progreso y los síntomas de la enfermedad. Todos ellos fallecieron del mal, y jamás se informó a sus familias de la suerte corrida por esas personas.

En 1955, la CIA hizo un experimento para verificar su capacidad de contagiar poblaciones enteras con agentes biológicos, y diseminó una bacteria en la población de Tampa Bay, en Florida.

En 1994, el senador John D. Rockefeller divulgó un informe revelando que por lo menos durante medio siglo, el Pentágono usó centenares de miles de efectivos militares en toda clase de experimentos, además de exponerlos de manera intencional a substancias peligrosas como gas mostaza, radiación, alucinógenos y drogas usadas durante la Guerra del Golfo Pérsico.

Toda esta tediosa información para decirle al señor Cabello que estuvo mal asesorado por su asesor. El momento elegido para implementar las sanciones contra algunos funcionarios o ex funcionarios venezolanos, no intenta “distraer a la opinión pública de la denuncia de violaciones a los derechos humanos por parte de funcionarios policiales de los Estados Unidos”.

La idea que la opinión pública de Estados Unidos tiene sobre Venezuela es prácticamente inexistente. La idea que tiene la opinión pública de Estados Unidos sobre el resto del mundo es prácticamente inexistente. Recuerdo que hace algunos años, por la época en que el sandinismo se había convertido en la amenaza esencial de Estados Unidos, y la marea roja comunista estaba por inundar las costas norteamericanas, el gobierno de Ronald Reagan inició una campaña de propaganda señalando que Nicaragua era el nuevo Vietnam.

Luego The Wall Street Journal hizo una encuesta entre sus lectores para que dijeran si sabían dónde quedaba Nicaragua. Una gran mayoría señaló que en el sudeste asiático.
En esta época de redes sociales y del imperio de la televisión, posiblemente lo único que llamó la atención en la opinión pública norteamericana fue un video, difundido el pasado 7 de octubre, donde aparecía José Odreman, dirigente del Colectivo 5 de marzo, responsabilizando al ex ministro del Interior Miguel Rodríguez Torres por su vida, y luego escenas de su cadáver, acribillado a balazos.

Y es posible que muchos de los legisladores que votaron a favor de las sanciones contra funcionarios venezolanos hayan visto fotos de la manera en que los rostros de algunos parlamentarios opositores, entre ellos Julio Borges y María Corina Machado, quien ahora ya no detenta su banca, pese a haber sido elegida por el pueblo, fueron desfigurados por algunos exaltados en la Asamblea Nacional sin que sus agresores fueran sancionados. Lamentablemente, una imagen informa más que mil palabras.

Pero, más allá de las explicaciones que ofrece Diosdado Cabello en la página de opinión de The New York Times para demostrarr cómo el gobierno del presidente Nicolás Maduro enfrentó de manera legal las demostraciones de comienzos de año, como toda la culpa la tuvieron los opositores, y como toda la razón corresponde al gobierno, cómo la justicia impera en Venezuela, cómo a ningún preso se le arroja excrementos y orina en la celda, o todas esas violaciones a los derechos humanos que suelen cometer los regímenes autoritarios contra seres indefensos, como lo hicieron los norteamericanos en Guantánamo o en Abu Ghraib, al presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela se le olvidaron algunas cosas.

En primer lugar, al adversario no se le responden reproches con otros reproches, sino tendiendo una rama de olivo u ofreciendo la otra mejilla. Si Cabello quería entablar algún tipo de diálogo con la administración de Obama, tendría que haber mencionado el pasado común, tal vez elogiar a George Washington considerándolo el Simón Bolívar de América del Norte, o alguna otra platitud parecida.

En segundo lugar, hay que respetar las jerarquías. ¿Quién es Diosdado Cabello para asumir la voz oficial de Venezuela? El más indicado es el presidente de la República. Y si el presidente no puede hacer otra cosa que librar una guerra económica durante las 24 horas del día, pues el funcionario indicado es el ministro de Relaciones Exteriores, Rafael Ramírez, que además, nunca insulta a nadie.

Y en tercer lugar, nunca hay que mostrarse envidioso. Escribir ese ensayo justo cuando Cuba y Estados Unidos han reanudado relaciones después de medio siglo, es como tratar de escupirle en la sopa a un aliado y a un enemigo. Cabello debería haber esperado un poco más para publicar su arenga.

Por cierto, es bueno que el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela se apreste para la próxima ocasión librándose de su deplorable asesor y consiguiendo un libro que siempre ha hecho milagros a la hora de acercar adversarios. Fue escrito por Dale Carnegie y se titula Cómo ganar amigos e influir sobre las personas.

http://marioszichman.blogspot.com/
@mszichman

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