Trino Márquez es sociólogo, doctor en Ciencias Sociales y director académico del Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad (CEDICE Libertad)
ESPERANZA MÁRQUEZ
–¿Qué nos queda de lo que ha pasado desde el 12 de febrero hasta la fecha?
–Algunas lecciones, una que era indispensable introducir un factor que convulsionara la situación social y política del país porque en enero en el país se percibía una tensa calma, un sentimiento de frustración, de resignación que se había ido apoderando de la gente que estaba convencida que el modelo castro-cubano iría avanzando progresiva e indeteniblemente y se instauraría una dictadura similar a la cubana sin que hubiese resistencia. El otro componente es que un grupo de dirigentes donde están Leopoldo López, Antonio Ledezma y María Corina Machado entendieron que el país no podía seguir por esa vía, que la pasividad no era el camino y que había que introducir un factor que convulsionara, un factor revulsivo que cambiara el esquema del juego. Convergieron un grupo de estudiantes descontentos y asqueados de que los estuvieran atropellando en medio de la más cruel impunidad y un grupo de dirigentes que vio que el país no podía seguir avanzando hacia una dictadura sin ningún tipo de resistencia.
–¿Han logrado algo las barricadas?
–Fue una sacudida que le dieron los estudiantes al país, fue lo único que le preocupó al Gobierno que no le importaron ni las epístolas de la Iglesia, ni los comunicados de la Conferencia Episcopal ni los llamados de las academias, simplemente estaban dispuestos a atropellar y llevarse por delante a quien fuera. Las barricadas crearon tal grado de conmoción en buena parte del país que obligó al Gobierno a convocar el diálogo y a que la comunidad internacional reaccionara.
–¿Dónde está la debilidad de este movimiento?
–En que se apoya fundamentalmente en la vanguardia estudiantil y es indispensable que a ese movimiento se incorporen otros sectores de la vida nacional que están seriamente afectados por la política económica y social del Gobierno: obreros, trabajadores en general, sindicatos, el sector de la construcción, los desempleados, trabajadores del sector informal que conforman el 46% de la fuerza de trabajo del país, las amas de casa, las personas de la tercera edad. A este movimiento de vanguardia hay que convertirlo de carácter nacional. El Gobierno siente que como la vanguardia está en el sector estudiantil y no se ha extendido a otros sectores, no ha habido un paro nacional de trasporte, un paro de los trabajadores de la construcción, de los maestros en solidaridad con los estudiantes ni de los profesores universitarios, como no ha habido un acto de solidaridad que se exprese de manera clara y categórica con los estudiantes, entonces el Gobierno tiene esa actitud arrogante y sectaria.
–La Mesa de Diálogo está paralizada
–Sí, en la práctica está paralizada, no se ha avanzado e incluso durante los últimos días ha retrocedido por aquella cadena bufa luego del desmantelamiento de los campamentos, las declaraciones de la Fiscal General de la República sobre Iván Simonovis, las declaraciones de Diosdado Cabello contra el diálogo y la Ley de Amnistía, las declaraciones de Jorge Rodríguez donde señaló que era "fantasía" la posibilidad de que a Simonovis se le liberara. Es al Gobierno a quien le corresponde tomar iniciativas que abran las compuertas del diálogo para que Venezuela pueda resolver dentro de un ambiente civilizado y pacífico los conflictos que tiene. Si el Gobierno aspira a crecer, a repartir equitativamente el fruto de ese crecimiento, mejorar los servicios de salud, educación, transporte público y seguridad social, necesariamente, inevitablemente tiene que propiciar el diálogo con la oposición y llegar a fórmulas de entendimiento.
–Ha habido muchas críticas contra la MUD.
–Es preferible tener la MUD a regresar a cuando no teníamos nada, sin querer decir que la MUD es perfecta, pero se mueve en un contexto tan complejo, tan duro donde se pelea contra dos Estados, Venezuela y Cuba, es posible cometer errores, pero aquí coincido plenamente con la visón de Vargas Llosa: "Sería un regalo de los dioses para Maduro y el Gobierno que la oposición se dividiera".
–¿Qué tendría que hacer la MUD para fortalecerse?
–Muchas de las críticas a la MUD no vienen acompañadas de soluciones concretas y factibles, son invocaciones abstractas donde la testosterona, la valentía está puesta en la lengua o en la pluma, pero no en acciones concretas. Aquí lo que se necesita es mucha calma, paciencia y entender que la política se hace con la gente, yendo a los barrios, a los sindicatos, a los estudiantes, reuniéndose con los empresarios, los campesinos y formulando junto con ellos soluciones y viviendo con ellos lo que significa un Gobierno que todo lo interviene, todo trata de controlarlo, asfixiándolo.
–¿Ve una salida?
–Todas están previstas en la Constitución desde la renuncia de Nicolás Maduro o el Referéndum Revocatorio. La renuncia no es ningún golpe de Estado ni es inconstitucional o anticonstitucional, está previsto en la Carta Magna como una falta absoluta. Si en Venezuela hay la inteligencia, el trabajo para canalizar el descontento que tiene todo el mundo y convertirlo en un torrente de energía que obligue al Gobierno a rectificar o a Maduro a renunciar y convocar el proceso electoral también previsto en la Constitución podrá resolverse en paz la profunda crisis que vive el país.
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