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martes, 1 de abril de 2014

"Un Plan comunista"

Tal Cual

Monseñor Ovidio Pérez está seguro de que el futuro del país es el de la libertad, la justicia y la paz. Advierte que Maduro debe volver a hacer uso de la Constitución y renunciar a la aplicación del Plan de la Patria 

ESPERANZA MÁRQUEZ

Monseñor Ovidio Pérez Morales, Arzobispo-Obispo Emérito de Los Teques. Expresidente de la Conferencia Episcopal. De Pregonero, estado Táchira, 1932. Muy activo en las redes sociales con su Twitter @OvidioPerezM y un blog: Perezdoc1810.blogspot.com. Se define como "un hombre de las cavernas que trata de salir un poco a la tecnología".
–Monseñor, ¿le hizo un llamado al presidente Maduro?
–Se llama "Presidente vuelva a la Constitución". Hay muchos problemas en el país, pero uno que sobresale es el Plan de la Patria, que es querer imponer un socialismo marxista­leninista a la medida de Cuba. Esto provoca la exacerbación de muchas cosas y la partición del país, y partido no puede echar para adelante porque vive en una continua confrontación, tensión y esto puede ir hacia la radicalización completa o abrir paso a una nueva fórmula, una solución que es la paz, el diálogo y el progreso que no lo habrá sin la renuncia a la aplicación de ese Plan de la Patria.

–¿Qué propone usted?
–Una vía de solución con miras a la discusión y procurar que salga algo que ponga a este país sobre los dos pies y no seguir viviendo en una tensión permanente y en un desequilibrio grande. Este socialismo que se nos pretende implantar es inconstitucional y moralmente inaceptable. Estamos navegando cotidianamente en un mar de inconstitucionalidad y en lo que se refiere a lo moral está la violación de los derechos humanos, a la libertad de expresión, al manejo personal y el pensamiento único que se trata de imponer.

–¿Esto es una dictadura o un totalitarismo?
–Hay diferencias. En la dictadura se busca la imposición de un proyecto político, el control político completo y, tangencialmente, en lo económico y lo cultural según sean los intereses de quien gobierna. El totalitarismo es el control de todas las actividades de las personas y de la comunidad, ahí entra lo económico, lo político y lo cultural donde se resume todo lo relativo a educación, comunicación social y al pensamiento en general.

–Su llamado al Presidente, ¿cuál es?
–Ver cómo se abren caminos a la unión porque el país no puede marchar sino tratando de conjugar fuerzas, aquí no se trata de quitar a alguien y poner a otro. El socialismo que se ha implantado no es socialismo, comunismo, sino una estatización salvaje donde hay una contradicción porque de acuerdo a las cuestiones ideológicas se afirma la progresiva desaparición del Estado y resulta que lo que es más patente en este tipo de sistema es el acrecentamiento del poder central del Estado. Yo como creyente y como Obispo reflejo la preocupación de la Conferencia Episcopal de promover la unión en el respeto a la diversidad, el pluralismo, los DDHH y abrir el paso a la gobernabilidad.

–¿Usted cree en el diálogo?
–Esta lucha es como la de un león suelto y un conejo amarrado. No se puede exigir lo mismo a las dos partes porque una tiene todo el poder y la otra tiene sus posibilidades muy limitadas y en un diálogo tiene que dar más el que tiene más poder. Hablar de diálogo significa la renuncia a querer imponer el Plan de la Patria. Un diálogo sincero es en la verdad, en la sencillez, en la disposición a escuchar, despojarse de toda prepotencia de poder y eso exige ponerse en el pellejo del otro, tratar de comprenderlo, estar dispuesto a aceptar.

–Cuando ha hablado de transición, ¿a qué se refiere?
–He utilizado algunos sinónimos: gobierno de integración, de unión, de emergencia, de salvación nacional, una reformulación o remodelación de la dirección gubernamental que abra a una gobernabilidad y abra el compás a una política participativa, a un pluralismo real, es decir, que vayamos a la Constitución, sólo el Preámbulo de la Constitución contradice a este Plan de la Patria. Con un proyecto así vamos en camino a una dictadura o a algo peor, un régimen totalitario que en la historia de Venezuela nunca hemos tenido y en América Latina sólo el caso de Cuba.

–¿No le suena a utópico?
–La historia no es fatalismo, es el tejido de la libertad y las libertades humanas, la historia es un recorrido que ofrece fuerzas previsibles e imprevistas. Ahí tenemos el caso de Adolfo Suárez en España que tuvo la inteligencia y la cordura de promover una transición de una dictadura férrea a un gobierno democrático donde juega la alternabilidad; la unión de las dos Alemanias, el caso de Chile, cuestiones históricas imprevisibles. Los pueblos son cajas de sorpresas. En la historia hay cosas que tienen futuro: la libertad, la justicia, la paz, otras que no tienen futuro: la opresión, la injusticia, la esclavitud, los fundamentalismos, las opresiones. La gran promesa de Dios es la plenitud como seres libres para vivir en fraternidad, por eso tengo esperanza, pero proactiva, haciendo lo que a cada uno nos corresponde.

–¿Tenemos que rezar?
–La oración es una conversación con Dios que siempre oye, pero tiene su manera de oír, la sabiduría de Dios no es la humana, se mueve en un nivel trascendente y Él ha dejado la historia humana en manos de los seres humanos, no se ha ido de la historia, ha creado un ser humano con su libertad expuesto al bien y al mal. La oración siempre tiene sus frutos, no hay oración que se pierda. Dios amó a su hijo, pero no le ahorró el calvario. Mantener la fe no es fácil en las épocas muy críticas, pero tenemos que rezar: A Dios rogando y con el macito dando, jajajaja.

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