El arzobispo de Coro Roberto Lucker cree válidas las exigencias de los estudiantes y rechaza la represión del Ejecutivo. Advierte que las acciones desde Miraflores promueven una guerra civil en el país
JUAN PABLO AROCHA
Tanto, que incluso el Vaticano ha dicho estar dispuesto a enviar un emisario. Monseñor Roberto Lucker, directivo de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), está convencido de que el país está desconcertado ante la situación nacional.
Él firmó, como representante de la Iglesia Católica, un comunicado público que se emitió tras los hechos violentos del pasado 12 de febrero en Caracas, los mismos donde murieron tres personas y por los que el dirigente político Leopoldo López fue encarcelado.
En el texto los sacerdotes instaron al gobierno del presidente Nicolás Maduro a tomar acciones para evitar los hechos violentos, pero también le exigieron garantizar el derecho a las manifestaciones pacíficas.
–¿Qué balance tiene luego de mes y medio de protesta?
–Los jóvenes de Venezuela han tenido que reaccionar. Los estudiantes están protestando por algo justo. Por la inseguridad, la escasez... Están protestando en nombre de quienes no podemos protestar, y eso se les agradece. Son jóvenes que no están dirigidos por cuadros políticos. Lamentablemente el Gobierno no ha entendido. No ha querido escuchar la protesta. Y eso es preocupante. Es que el Gobierno, en vez de abrir un frente de diálogo, está echándole gasolina al poner presos a dirigentes políticos, a alcaldes que ganaron con el voto popular. Hay amenazas, la acción del Gobierno es desproporcionada. Con amenazas no se puede conversar, si no se da confianza, no se puede conversar. Se deben dar muestras, como la liberación de los presos políticos.
–El Ejecutivo, sin embargo, ha acusado a la oposición de violenta. Existen episodios donde eso efectivamente ha ocurrido.
–Yo no estoy de acuerdo con la violencia, porque violencia genera violencia. Pero ante un Gobierno que te arremete, que te hace un alarde de poder, a veces el pueblo tiene que defenderse de los atropellos. El Gobierno ha justificado estas acciones escudándose en las manifestaciones de los estudiantes, pero la forma ha sido desmedida.
–Sectores de oposición comienzan a definir a la administración de Maduro como una dictadura. ¿Comparte ese criterio?
–Hay que recordar que el presidente eterno prometió anclarnos en el mar de la felicidad cubano, allí lo que hay es una dictadura fascista, donde la democracia no tiene nada que buscar. Aquí se habla de socialismo, eso no está en la Constitución. Nosotros somos un país constitucionalmente democrático. La democracia se distingue por ser plural y acá, por ejemplo, están cerrando el oxígeno a los medios de comunicación impresos con la escasez de papel, la idea es lograr, como en Cuba, que haya solo tres medios.
–¿Qué puede hacer la sociedad civil ante esto?
–Tiene que organizarse mejor, vivir en acciones con la unidad, no solo en palabras. Hay que defender la democracia, aunque nos cueste que muchos vayan presos. Tiene que haber profetas, en este caso políticos, que den la cara. Hay que alentar a los jóvenes para que no desmayen de ser ellos la epidermis sensible que sirve de eco a la sociedad.
–La protesta permanente cansa. Desgasta. ¿No cree posible que los ciudadanos de oposición pierdan el interés en los próximos días, que sientan la necesidad de retornar sus actividades normales?
–Este gobierno está incentivando la guerra civil, de enfrentarnos entre venezolanos, está dando el ambiente necesario para una guerra civil. Además, el Gobierno debe tener mucho miedo por la cuestión económica: se han puesto a regalarle el dinero a todo el mundo, y no se han ocupado de Venezuela. ¿Cuánto ha mejorado la calidad de vida? Ahora hay que hacer cola por un paquete de harina. Si no hay salida ahora, tal vez lo que ocurra es que se corra la arruga, pero en un mes o dos meses va a explotar de nuevo el descontento social.
–¿Cuál cree que debe ser el papel de la Iglesia en estas circunstancias?
–La Iglesia tiene un gran papel, de hacer que las partes se encuentren, pero ambos sectores deben bajar la guardia. El Gobierno, antes que nada, cree que tiene la verdad él solo y eso no es así. El diálogo es para enfrentar, en el mejor sentido de la palabra.
–¿Estaría de acuerdo con participar en las conferencias de paz que ha instalado el Ejecutivo?
–Si el Gobierno baja la guardia, deja de estar insultando, sí estoy dispuesto a acudir. No puedo dialogar con un Gobierno que está imponiendo un monólogo. Ya estamos hartos de monólogos.
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